Qué hacer 10 días en Túnez por libre (con presupuesto)

Túnez es un gran destino para aquellos que quieran explorar países que se salgan un poco de la ruta habitual del viajero. Mantiene una esencia tradicional que hace que sea difícil evadirte de la realidad de muchas zonas del país, convirtiendo el trayecto en una ruta intensa en la que la cotidianidad de los tunecinos es parte del encanto del viaje. Tiene además mucho que ofrecer, paisajes desérticos, oasis, curiosas construcciones bereberes, ruinas romanas o ciudades mediterráneas preparadas para un turismo orientado a la playa. Te contamos qué hacer 10 días en Túnez, el tiempo que dedicamos a recorrer el país por libre.

Nosotros alquilamos un coche para recorrer en 10 días Túnez y, sin duda, me parece la mejor forma de viajar por el país. Es posible organizar un itinerario con transporte público, pero te quedarás con las zonas más turísticas y necesitarás de mucho más tiempo. La libertad que te da tener tu propio vehículo me parece de lo mejor a la hora de viajar alrededor de casi cualquier país. De esto y mucho más hablamos en el post que hemos escrito sobre empezar a preparar un viaje a Túnez, así que te lo dejamos por aquí por si quieres profundizar.

Diez días son los que estuvimos nosotros recorriendo Túnez por libre. Da tiempo a ver prácticamente todos los imprescindibles, aunque algo se nos quedó pendiente. Te adjuntamos el itinerario y te contamos qué hicimos cada día.

Día 1Llegada a Túnez
Día 2Dougga y El Kef
Día 3Sbeitla y Tozeur
Día 4Chebika, Midas y Douz
Día 5Ruta por los ksar
Día 6Old Matmata, El Djem y Monastir
Día 7Sousse, Kairouan y Hammamet
Día 8Hammamet y Sidi Bou Said
Día 9Cartago y Túnez capital
Día 10Túnez capital

Como anticipábamos, es un viaje pensado para contar con coche de alquiler. La alternativa de transporte público es mucho más lenta y menos flexibles, además de ser complicado llegar a todos los lugares. Pese a que es viable, necesitarás de más días para completar una ruta como la que te proponemos. Si no, puedes echar un vistazo al itinerario que hemos preparado para un viaje de 7 días a Túnez, que se podría aplicar a 10 días en transporte público.

Si te suena bien lo de alquilar coche, nosotros siempre lo hacemos con DiscoverCars. Es un comparador que encuentra las mejores ofertas sin tener que buscar en cada compañía por separado. Además, ofrece un seguro de devolución de franquicia mucho más económico que el todo riesgo que suelen ofertar las empresas.

Otra opción si prefieres no conducir, es contratar un viaje guiado. Antes de nada, por si tienes dudas, te dejamos aquí una entrada en la que contamos nuestra experiencia al volante en Túnez. Si aún así sigues prefiriendo evitar alquilar, te dejamos aquí abajo varios opciones para visitar Túnez acompañado de un guía, sin tener que preocuparte por nada.

Ahora sí que sí, comenzamos con nuestro día a día del viaje que hicimos por Túnez por libre!

Nosotros llegamos a Túnez ya entrada la noche, por lo que el primer día lo dedicamos a viajar desde Madrid. Si llegas antes, te recomendamos explorar su medina, la zona de la Avenida de Habib Bourguiba o la Plaza de la Kasbah.

Como decidimos dejar la capital para el último día, ya te contaremos en el Día 10 a qué dedicamos nuestros tiempo en la ciudad más grande del país.

Si llegas tarde y buscar alojarte cerca del aeropuerto, te recomendamos el Hotel Marigold, a unos 10 minutos en coche desde el aeropuerto. El mejor hotel en el que estuvimos en todo Túnez seguramente y, sobre todo, el mejor desayuno!

Amanecimos muy pronto en nuestro hotel de Ciudad de Túnez para comenzar el roadtrip. La intención era bajar hasta Tataouine por el lado este, y subir de nuevo hasta la capital bordeando la costa Mediterránea.

La primera parada fue Dougga, a algo menos de dos horas en coche. Las ruinas de Dougga es uno de los sitios arqueológicos mejor conservados del norte de África, lo que lo convierte en un testimonio impresionante de la grandeza de la civilización romana en esta región. Su historia se remonta al siglo II a.C., cuando la ciudad era conocida como Thugga, un asentamiento númida antes de la llegada de los romanos. Con la anexión romana en el año 46 a.C., Dougga floreció como un importante centro administrativo, comercial y cultural.

Dougga.

La parada merece totalmente la pena. El Capitolio y el Teatro Romano, que podía acoger a 3.500 personas, se encuentran en muy buen estado de conservación, transportando a quién lo visita a la época en la que todo aquello estuvo en funcionamiento. Además, hay grandes vistas desde todo el complejo hacia los interminables campos de olivo de esta zona. Dedicamos alrededor de una hora y media a la visita.

Desde Dougga fuimos hasta El Kef, a una hora de camino. Es una ciudad de lo más tradicional, donde no llegan muchos turistas y, quién lo hace, es más como campo base para hacer otras visitas que para explorar la propia localidad. Lo mejor es su Kasbah, de entrada gratuita y en lo alto, desde donde hay unas magníficas vistas a toda la ciudad. Puedes aprovechar también para dar un paseo por su medina. Nosotros comimos allí un menú tradicional tunecino en Le Petit Bateau.

Vistas de El Kef desde La Kasbah.

Desde El Kef pusimos rumbo hasta Sbeitla, a dos horas en coche. Llegamos ya cuando estaba anocheciendo, así que dejamos las visitas para el día siguiente. Dormimos en el Hotel Sufetula, una de las pocas opciones en la ciudad. Desde sus habitaciones hay vistas hacia las ruinas de Sbeitla.

Como no habíamos tenido tiempo para visitar las ruinas de Sbeitla el día anterior, comenzamos la mañana con ello. Esta antigua ciudad, conocida en tiempos romanos como Sufetula, fue fundada en el siglo I d.C. durante el reinado del emperador Vespasiano. Su desarrollo estuvo estrechamente ligado a la producción agrícola, especialmente al cultivo de cereales y olivos, que convirtió a Sbeitla en una ciudad próspera gracias al comercio en el vasto Imperio Romano.

Los Templos Capitolinos.

Al igual que Dougga, me sorprendió gratamente. Aquí lo mejor es el Foro y los Templos Capitolinos, aunque sin desmerecer recorrer todo el complejo caminando por las antiguas calzadas romanas. Dedicamos una hora y media a la visita, y lo recomiendo totalmente. Y ojo, que os lo dice alguien que iba con pocas expectativas, ya que las ruinas en general no suelen ser mi fuerte. El precio de la entrada tanto a Dougga como Sbeitla es de 8 dinares.

Desde Sbeitla continuamos camino a Tozeur, a tres horas en coche. Si dejas para la mañana la visita a Sbeitla, inevitablemente llegarás a Tozeur para comer. Así que eso hicimos, en Restaurant de la Republique concretamente. Una vez recargamos las pilas, fuimos a conocer la medina de Tozeur. No tiene gran cosa, pero tienes que llegar al Café Berbere, en una preciosa plaza y con vistas al palmeral, uno de los principales atractivos de la ciudad. En poco más de una hora lo tendrás visto.

Plaza del Café Berbere, el rincón más bonito de Tozeur.

El resto de la tarde la dedicamos a Mos Espa, un antiguo escenario de Star Wars convertido en punto turístico en la actualidad. Se puede llegar con tu propio coche de alquiler, sin necesidad de 4×4. Hay una carretera asfaltada en la que además es muy común cruzarte con caravanas de dromedarios.

Tras 40 minutos de conducción llegarás al pequeño complejo. Allí aún se conservan las casas marcianas que se construyeron para la ocasión. No te voy a negar que sea un poco turistada, pero al menos a mí me encantó, sin haber visto ni una película de la saga. Justo en frente de Mos Espa hay una gran duna desde la que vimos atardecer, una maravilla.

Mos Espa.

En Tozeur dormimos en Résidence Le Ruisseau, un hotel que no está mal, sin grandes lujos. Cenamos en Taxi Pizza, dos comidas seguidas tunecinas se nos hacía duro, así que solíamos escaparnos a lo occidental de noche.

Comenzamos el cuarto día de la ruta de 10 días en Túnez visitando uno de los lugares que más me gustó, el Oasis de Chebika. Está a 50 minutos de Tozeur, en dirección este, hacia la frontera con Argelia. El paisaje, la pequeña cascada de color esmeralda y el palmeral me parece que forman una escena espectacular. Parada imprescindible desde luego. Dedicamos cerca de una hora a conocer todo el lugar. Si quieres más detalles sobre cómo recorrerlo sin perderte nada, te dejamos por aquí la entrada que hemos escrito.

Oasis de Chebika.

Desde Chebika continuamos hasta Tamaghza, otro oasis a solo 20 minutos. La carretera que separa ambos lugares es preciosa, con un par de miradores para poder sacar alguna foto. El Oasis de Tamaghza, pese a ser muy bonito, no me pareció que llegase al nivel de Chebika. Aún así, vale la pena pasearlo y bajar hasta el cañón, sobre el que cae una pequeña cascada. Hicimos una parada de media hora y seguimos con la ruta.

Ya en el límite con la frontera con Argelia está el Cañón de Midas, a 15 minutos de la anterior parada. Vale la pena tanto verlo desde arriba como bajar a recorrer un pequeño tramo. Nosotros paseamos durante unos 40 minutos, y regresamos al coche cruzando las ruinas del antiguo pueblo.

Cañón de Midas desde arriba.

Visto el Cañón de Midas deshicimos el camino hasta volver a Tozeur para poner dirección Douz. Para llegar hay que utilizar una carretera que atraviesa el lago Chott el-Jérid, uno de los lagos salados más grandes del norte de África. Dependiendo de la estación, está más o menos seco, convirtiéndose prácticamente en un desierto salino. El paisaje es chulísimo, formándose espejismos a lo largo de toda la carretera.

Después de unas tres horas de coche llegamos a Douz. Lo primero que hicimos fue comer, en La Porte De Sahara, el mejor restaurante tunecino que probamos en todo el viaje. Douz es conocido como la puerta del desierto, ya que hacia el sur se extiende el mar de arena del Sahara. De hecho, lo más típico es hacer alguna excursión que te lleve a caminar entre las dunas y a pasar una noche bajo el cielo estrellado del desierto. Nosotros no teníamos tiempo para tanto, así que nos conformamos con subir y ver atardecer desde unas dunas a las afueras de la ciudad, en esta zona que te dejamos aquí. No obstante, si quieres saber más y qué excursiones contratar, te dejamos por aquí el post que hemos escrito sobre el lugar.

Dunas a las afueras del Douz.

Dormimos en un curioso alojamiento en Douz, Maison Proche de Desert, una experiencia de lo más auténtica para los que no nos da tiempo a adentrarnos en el desierto.

El quinto día fue de mis favoritos en Túnez. Lo dedicamos a visitar los ksar mejor conservados del sur del país. Un ksar (del árabe qaṣr, que significa «castillo» o «fortaleza») es una construcción tradicional del norte de África, diseñada como un complejo fortificado que servía principalmente como almacén colectivo para guardar granos y otros bienes valiosos de las comunidades locales, generalmente bereberes.

Ksar Ouled Soltane.

Actualmente hay varias que se conservan en pie, ya sea porque han sido utilizados como escenarios de películas o porque funcionan como hoteles. También hay alguna que ni una cosa ni la otra, pero que todavía resiste el paso del tiempo. La mayoría se ubican en los alrededores de Tataouine, ciudad que utilizamos para establecer nuestro campo base. Dormimos en en Dar ettawfik, una casa familiar cuyos anfitriones son un encanto.

Dedicamos el día completo, contando con que desde Douz hasta la primera parada hay algo más de dos horas, y nos dio tiempo a visitar 5 ksour (plural de ksar). El que más nos gustó fue Chenini, un antiguo pueblo bereber ubicado en lo alto de una colina, seguido de Ksar Ouled Soltane, cuyas ghorfas están perfectamente conservadas. Como ya hemos escrito un post contándote absolutamente todo lo que necesitar saber para hacer la ruta, te lo dejamos por aquí y no nos enrollamos más.

Por cierto, las carreteras que separan varios de los ksar también dejan paisajes espectaculares. Especialmente recomendada una que separa el Ksar Ouled Soltane del Ksar Ouled Debbab. No es por la que te manda Google Maps, sino que nos la recomendó la dueña del alojamiento. En la entrada que te hemos dejado arriba te contamos más.

Chenini.

Superamos al ecuador del viaje de 10 días en Túnez y tocaba dejar de bajar hacia el sur y comenzar con la subida por la costa Mediterránea. Teníamos por delante un día muy completo y cargado de visitas, así que nos pusimos en marcha antes de las seis de la mañana.

La primera parada fue en Old Matmata, famoso por sus casas trogloditas. Son construcciones excavadas en la roca, compuestas de un patio interior con las habitaciones y estancias alrededor. La más famosa es el Hotel Sidi Idriss, utilizado por George Lucas para ambientar la casa de Luke Skywalker en el planeta ficticio Tatooine. Aunque pueda parecer un poco turistada, el sitio es curioso, y no deja de ser el lugar real que una familia utilizó hace años para vivir. También puedes visitar otras casas en la localidad, como la Maison Troglodyte Matmata, donde se ha conservado cada habitación con el uso que tuvo en su época. Pese a que es bonita, ojo que te intentan timar, de lo que te hablamos, entre otras cosas, en la entrada que hemos dedicado a Old Matmata.

La carretera que separa Tataouine y Old Matmata es muy bonita, con paisajes espectaculares, y tardarás en recorrerla poco más de dos horas. En el pueblo estuvimos sobre hora y media.

Hotel Sidi Idriss.

Desde Old Matmata continuamos ruta hasta El Djem, a dos horas y media de camino. El Djem es conocido principalmente por su anfiteatro, uno de los monumentos más imponentes y mejor conservados de la época romana en África. Fue construido alrededor del año 238 d.C., durante el reinado del emperador Gordiano I. Podía albergar entre 30.000 y 35.000 espectadores, lo que lo convierte en uno de los anfiteatros más grandes del mundo romano, solo superado por el Coliseo de Roma y el de Capua.

La entrada cuesta 12 dinares e incluye el Museo Arquelógico de El Djem. El anfiteatro es impresionante, y se conserva mucho mejor de lo que esperaba. Puedes recorrerlo al completo, sin prácticamente ninguna restricción. Desde bajar a sus túneles subterráneos hasta subir a lo más alto de los tres niveles que se conservan en una de las gradas.

Vista exterior del anfiteatro.

Aprovechando que la entrada lo incluía, también visitamos el Museo Arqueológico. Allí los absolutos protagonistas son los mosaicos, así que, si te gustan, puede ser tu paraíso. Entre el anfiteatro y el museo estuvimos algo más de una hora en la ciudad. Si quieres saber muchos más detalles de la visita, te dejamos por aquí el post.

Desde El Djem nos marchamos hasta el último punto que teníamos previsto conocer en este sexto día del viaje, Monastir. Monastir se ubica ya a la orilla del Mediterráneo, siendo nuestra primera toma de contacto con el mar en Túnez. Aquí el absoluto protagonista es Habib Bourguiba, el primer Presidente de Túnez y padre de la independencia del país. Es su ciudad de nacimiento, por lo que podrás visitar su Mausoleo, una mezquita con su nombre, su antigua residencia de verano o una plaza en su memoria.

Vistas desde el Ribat hacia el Mausoleo y el cementerio.

Además, no te olvides de entrar a la medina, especialmente recomendado sentarte en Café Bir Alandaos, una cafetería muy agradable. No obstante, lo que más me gusto de Monastir fue su Ribat. Ubicado justo al lado del mar, es una joya desde las que tendrás unas espectaculares vistas tanto a la medina como al Mediterráneo, pasando por el imponente Mausoleo de Habib Bourguiba. De esto y mucho más te hablamos en el post sobre Monastir, que te dejamos aquí. Intentaría no dedicar menos de tres horas a la ciudad.

Como a la mañana siguiente queríamos ver Sousse, ciudad ubicada a solo 30 minutos de Monastir, pensamos que sería mejor idea ir a dormir allí para aprovechar mejor el tiempo. Nos quedamos en Dar Baaziz, una casa tradicional al estilo riad en Marruecos.

El séptimo día del viaje de 10 días en Túnez nos iba a llevar a visitar tres de las ciudades más conocidas del país. La primera fue Sousse, donde, como ya comentaba, pasamos la noche. He de decir que me esperaba más de Sousse. Su medina me pareció algo descuidada, con demasiada basura, algo normal en Túnez por otra parte. Sí que me gustó el Ribat, aunque no tanto como el de Monastir. También puedes visitar la Gran Mezquita, justo al lado, o el Museo Arqueológico, ubicado en la antigua Kasbah. Nosotros dedicamos poco más de tres horas a conocer la ciudad.

Asomándome a la sala de oraciones de la Gran Mezquita, prohibida la entrada para los no musulmanes.

Desde Sousse nos dirigimos a Kairouan, la ciudad más sagrada de Túnez y la cuarta en el islam, después de La Meca, Medina y Jerusalén. De hecho, se dice que siete peregrinaciones a Kairouan equivalen a una a La Meca. La Gran Mezquita cierra a las dos de la tarde, así que ten esto muy en cuenta para no llegar hasta aquí y quedarte sin verla, ya que es el principal punto a visitar. Pese a que es bonita, tampoco es nada espectacular. Además, como no musulmán tenemos el acceso restringido a la sala de oraciones, por lo que la visita se queda un poco corta. Cuesta 12 dinares e incluye otros puntos de interés alrededor de toda la ciudad, de lo que te hablamos en la entrada sobre Kairouan, que te dejamos aquí.

Fachada principal de la Gran Mezquita.

Más allá de la mezquita, el principal encanto es recorrer la medina. Es más tranquila que la mayoría que visitamos en Túnez, y se respira un ambiente muy tradicional y auténtico. Te recomendamos acercarte a la Casa del Gobernador, donde vivía antiguamente el líder de la ciudad, que hoy alberga una impresionante tienda de alfombras. Independientemente de lo que se venda, el edificio es una preciosidad, y lo puedes visitar totalmente gratis sin necesidad de comprar nada. Entre dos y tres horas fue el tiempo que dedicamos a visitar Kairouan.

Desde allí nos dirigimos a Hammamet, la última parada del día, a una hora y media de camino. Hammamet es la ciudad por excelencia del turismo de resort y todo incluido. Bueno, para ser precisos, más bien lo es Yasmine Hammamet, un complejo al más puro estilo Marina D’Or. Aunque no vayas a dormir allí, puedes acercarte a visitar su medina. Es artificial, pero no por ello deja de ser curiosa. Como nuestra intención no era para nada la de playa, viajamos en noviembre, nos quedamos a dormir a las puertas de la medina antigua, en el Hotel Khella, con muy buena relación calidad precio.

Dedicamos nuestro tiempo en Hammamet a recorrer la medina principalmente. Fue sin duda la medina que más me gustó en Túnez. Está cuidada y limpia, y da gusto perderse por los estrechos callejones que dan a parar a plazas y tiendas de artesanías locales. No obstante, es pequeña, así que no necesitarás mucho tiempo para haber caminado por todas sus calles.

La Medina de Hammamet, la más cuidada que vimos en Túnez.

Una de las actividades más populares es sentarte en Sidi Bou Hdid, una agradable cafetería al lado del mar. También puedes visitar su fortaleza, aunque no tiene nada que ver con la de Monastir y Sousse. Cenamos en Bel Canto, una estupenda pizzería a 10 minutos andando de la medina. De todo esto y mucho más te hablamos en el post que te dejamos aquí.

Para dormir te recomendamos el Hotel Khella, por 35€ una habitación doble. Está bien situado, limpio y cuidado, con un desayuno decente. No tiene aparcamiento, pero puedes dejarlo en la misma calle o en alguna de alrededor. En todas se puede aparcar de forma gratuita.

Comenzamos el octavo día del viaje visitando Yasmine Hammamet, del que ya te hemos hablado en el día anterior. Además de su particular medina, puedes acercarte a la zona del puerto o dar un paseo por alguna de sus extensas playas.

Medina de Yasmine Hammamet.

Desde Hammamet pusimos rumbo a Cartago, a apenas 15 kilómetros de la Ciudad de Túnez. En Cartago podrás visitar las ruinas de las ciudades fenicias y romanas que se asentaron allí en la antigüedad. Consiste en una serie de restos esparcidos por la localidad actual, mezclándose lo antiguo con lo nuevo. La entrada son 12 dinares, e incluye hasta 10 lugares.

Fue la gran decepción del viaje. Sin duda, nos quedamos con mucha diferencia con Dougga, Sbeitla o el Anfiteatro Romano de El Djem. Aquí no se conserva prácticamente nada. Lo visitamos por libre, no sé si con un guía ganará mucho. No obstante, lo que sí que te recomendamos es uno de los puntos, las Termas de Antonino. Más allá de eso, poco tiene que ofrecer. De todas formas aquí te hablamos de cada lugar y nuestro ranking de lo que más nos gustó. Creo que entre una y dos horas es tiempo más que suficiente para dedicar a Cartago.

Termas de Antonino.

Desde Cartago fuimos hasta Sidi Bou Said, prácticamente al lado. En el camino paramos en el Cementerio Americano del Norte de África, donde descansan los restos de muchos soldados que perdieron la vida en el continente durante la Segunda Guerra Mundial. Una visita curiosa y llena de significado.

Dedicamos casi un día completo a conocer Sidi Bou Said, el pueblo más bonito de todo el país. Muchos de los viajeros que lo visitan optan por hacer una excursión de día, alojándose en la capital. No digo que sea mala opción, pero si puedes me quedaría una noche en el pueblo. Es, probablemente, el lugar más visitado del país, al menos con relación a su superficie. Por ello, recorrerlo a primera hora de la mañana o a última de la tarde hará que estés prácticamente solo, y para eso qué mejor que dormir allí.

Recorrer el pueblo a primera hora de la mañana te permitirá verlo prácticamente solo, con mucho encanto.

En Sidi Bou Said lo mejor que puedes hacer es recorrer las estrechas calles adoquinadas con sus casas blancas de puertas y ventanas azules. Está todo muy cuidado, así que da gusto andar por el pueblo. Te recomendamos además que te acerques a Sidi Bou Said Viewing Point, al final de la calle principal, y a Mediterranean Panorama, justo al lado del cementerio del pueblo. Ambos tienen preciosas panorámicas hacia el mar.

Otra de las visitas que nos encantó fue Dar El Annabi, una casa tradicional tunecina que sirvió de residencia a la familia Mufti Mohamed Annabi, exitosos comerciantes. Construida a finales del siglo XVIII, hace unos pocos años dejó la vida cotidiana para convertirse en un museo que ofrece una visión de la rutina de una familia adinerada en el siglo XX.

Vistas desde la azotea.

También puedes entrar en el Palacio Ennejma Ezzahra, donde, además de admirar un palacio tradicional tunecino, te podrás sorprender con la colección de instrumentos que se expone en su interior.

Dormimos en una bonita casa local, Coup de coeur. Por cierto, desayunamos, comimos y cenamos muy bien, en Ben Rahim, Bleue y DaPietro respectivamente.

Desayuno en Ben Rahim. Fue el penúltimo día del viaje y nos recordó lo que era un buen café, tan complicado de encontrar en Túnez.

La primera parte de la mañana del penúltimo día en Túnez la dedicamos a seguir recorriendo Sidi Bou Said. Nos despertamos pronto para poder visitar el pueblo solos, y desde luego que lo conseguimos. No es que con gente pierda encanto, ya que para muchos puede ser parte de la gracia, pero caminar por sus bonitas calles a solas tiene un encanto especial.

A mitad de mañana fuimos hasta Ciudad de Túnez, la capital del país y la última parada del viaje. La ciudad es caótica, y más aún si llegas con coche. Lo primero que hicimos fue ir al hotel y dejarlo en el parking. Dormimos en Hotel le Calife, nada del otro mundo, pero muy bien situado y con aparcamiento gratuito.

Salimos a explorar la medina, uno de los principales atractivos de la ciudad. Se ubica dentro de la antigua ciudad amuralla, por lo que tendrás que buscar una de las puertas de acceso para entrar. Entre las más populares está Bab al-Bhar, Bab al-menara, Bab Jdid o Bab Souika.

La medina está llena mercados (souks) donde se venden todo tipo de productos, desde especias y perfumes hasta joyas y textiles. Cada souk solía estar especializado en un producto específico, como el Souk el-Attarine (perfumes) o el Souk el-Berka (joyería).

Callejeando por la medina.

El zoco se ubica entre Bab al-Bhar y Bab al-menara, si trazaras una línea recta entre ambas. Una zona que me gustó mucho es la que encontrarás si entras en la medina desde la Plaza de la Alcazaba, y vas un poco hacia la izquierda. No es de tiendas pero tiene un encanto especial, más cuidada y con las tradicionales casas blancas y azules.

Más allá de callejear y saltar de tienda en tienda, la medina esconde edificios con gran historia, algunos de los cuales pueden ser visitados: Mezquita Zitouna, Madrasa Slimania, Tourbet el-Bey o Dar Ben Abdallah. También te recomiendo que subas al Café Panorama o a la azotea de la tienda de al lado, desde donde hay buenas vistas de la ciudad. De todo te hablamos más detenidamente en la entrada que hemos escrito sobre Ciudad de Túnez.

Mezquita Zitouna.

Comimos en Korea Town, un restaurante coreano en una calle paralela a la Avenida Habib Bourguiba, la arteria principal de la ciudad. Sale desde Bab al-Bhar, en la bonita y animada Plaza de la Victoria, y se extiende más allá de la Torre del Reloj, uno de los monumentos más fotografiados. A mitad de camino pasarás por la Catedral de San Vicente de Paul, el principal edificio católico de Túnez.

Al otro lado de la medina está la Plaza Kasbah, un lugar de importancia cívica. En los últimos años, ha sido escenario de importantes manifestaciones y eventos, especialmente durante y después de la Revolución Tunecina de 2011, que marcó el inicio de la Primavera Árabe. Allí está el Ayuntamiento o el monumento central dedicado a los mártires de la Guerra de la Independencia.

Subiendo por la Plaza dela Kasbah.

Todo esto lo hicimos durante el primer día en la ciudad. Terminamos en la azotea del Hana Internacional, un hotel en Avenida Habib Bourguiba con un restaurante en los alto desde el que obtener unas buenas vistas de Túnez.

Llegamos al final de viaje de 10 días en Túnez. Teníamos el vuelo de vuelta a media tarde, así que todavía quedaba tiempo para hacer unas últimas visitas. Comenzamos volviendo a recorrer alguna calle de la medina y desayunando en una pastelería en la avenida principal.

De allí nos dirigimos hacia el último gran atractivo que nos faltaba por ver, el Museo del Bardo. El Museo Nacional del Bardo es uno de los museos más importantes del norte de África y una de las principales atracciones culturales de Túnez. Es conocido mundialmente por su vasta colección de mosaicos romanos, considerada la más grande y rica del mundo.

Sale repleta de mosaicos romanos.

Se ubica a unos 15 minutos en coche de la medina, aunque puedes tardar bastante más por el tráfico. Si optas por ir andando, tendrás cerca de una hora. Nosotros fuimos con el coche de alquiler, que dejamos en el parking gratuito del museo. Si no dispones de vehículo, lo más cómodo es pedir un Bolt, que no te debería costar más de 5€ desde prácticamente ningún punto de Túnez Capital. La entrada cuesta 13 dinares, y está abierto todos los días de 9:30 a 16:30, a excepción del domingo que cierra.

Pese a que no me declaro amante de los museos históricos, he de decir que el Museo del Bardo me gustó mucho. Tiene salas muy bonitas, y no se me hizo nada pesado. Te recomendaría reservar, al menos, entre una hora y media y dos para visitarlo. De lo mejor de Túnez capital.

La sala que más me gustó en el Museo del Bardo.

Visto el museo, nos dirigimos a DaPietro a comer, una pizzería a las afueras de la ciudad. La oferta gastronómica de Túnez es bastante mediocre, así que, dado que teníamos el coche, preferimos hacer 15 minutos de más y comer bien.

De allí nos dirigimos al aeropuerto para coger el vuelo de vuelta, aunque con una breve parada en el Parque de Belvédère, ubicado en una colina. Lo más destacado son las vistas a toda la ciudad desde la zona de la «Flag Square», que no están mal. Como es habitual en Túnez, hay demasiada basura para poder decir que es un lugar agradable.

Vistas desde el Parque de Belvédère.

Y así terminamos el viaje de 10 días en Túnez. Es un país con mucho que ofrecer, y con más variedad de la que me imaginaba. Una de las cosas que más me gustó fueron las paisajes desde el coche, así que te recomiendo mucho que lo alquiles. Por contra, de lo que menos me gustó fue lo descuidado que está. La basura en las calles es algo habitual, haciendo que lugares que podrían ser preciosos se queden en poco apetecibles. Lo que tiene, al menos en parte, la pobreza.

Algo muy positivo de Túnez es que es un viaje súper económico, sobre todo para los que acudimos desde un lugar cercano como España. Nosotros viajamos 4 personas, y nos gastamos 600€ cada uno en recorrer el país durante 10 días, incluidos los vuelos y el seguro de viaje. Así que ya sabes, si quieres un lugar diferente y económico, puede que Túnez esté llamando a tu puerta.

Te dejamos por aquí el mapa con la ruta que hicimos en Túnez.

Hasta aquí nuestra ruta resumida de 10 días en Túnez. Aquí te dejamos todos los posts que hemos escrito sobre el país, y nos despedimos no sin antes animarte a que preguntes cualquier duda en los comentarios!

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