Qué hacer en el Chocó en 3 días. Cómo llegar y dónde dormir
El Chocó, ubicado en la costa del Pacífico colombiano, es uno de los destinos más biodiversos y fascinantes del mundo. La región es famosa por su exuberante selva tropical, playas vírgenes y ricas culturas afrocolombianas e indígenas, ofreciendo una experiencia única a los amantes de la naturaleza. Si llegas hasta aquí, podrás explorar manglares, cascadas, avistar ballenas jorobadas y disfrutar de la tranquilidad que solo un entorno natural inexplorado puede ofrecer. ¿Te preguntas dónde alojarte, cómo llegar o qué hacer en el Chocó? Sigue leyendo para descubrir todo lo que necesitas saber sobre este tesoro escondido de Colombia.
Esta entrada forma parte de nuestra ruta viajando en Colombia 20 días por libre. Si quieres saber qué más hacer y visitar en este fascinante y diverso país, te dejamos por aquí toda la información. Y ahora sí que sí, comenzamos con el Chocó!
Recomendación: Viajar a Colombia por libre. Toda la información que puedes necesitar.
Día 3. De Bogotá al Chocó
El tercer día del viaje comenzó muy temprano en nuestra habitación en La Candelaria, Bogotá. Teníamos un vuelo a las 7 de la mañana, así que antes de las 5 ya estábamos en pie. Recogimos rápidamente y partimos hacia el aeropuerto. Como habíamos coordinado el transporte el día anterior con un amigo del dueño del alojamiento, nos quitamos el trámite de pedir un taxi o servicio de VTC. En cualquier caso, siempre es más recomendable optar por Uber o Cabify.
Cómo llegar al Chocó
Para llegar a esta región del Pacífico, tendrás que coger sí o sí un avión. Hay dos aeropuertos principales en el Chocó, en Bahía Solano y en Nuquí. Llegar a uno u otro dependerá de la zona que vayas a visitar. De hecho, elegir una u otra fue una de las grandes dudas a la hora de planificar el viaje. Por ello, hemos escrito una entrada hablando solo sobre qué ofrece cada zona y cuál recomendaríamos. Te la dejo por aquí por si te resulta de ayuda!
Recomendación: ¿Bahía Solano o Nuquí? Qué zona visitar del Chocó.

Después de mucha lectura y reflexión, nosotros decidimos visitar la zona de Bahía Solano. Cogimos un vuelo desde Bogotá a Medellín, y, posteriormente, otro desde Medellín a Bahía Solano. Todas las aerolíneas que operan en el Chocó vuelan desde Medellín, por lo que la parada en la ciudad de la eterna primavera es obligatoria.
Volamos con Satena hasta Medellín, y desde allí con ClicAir hasta Bahía Solano. Dejamos un margen de dos horas y media entre ambos vuelos y no tuvimos ningún problema; incluso nos dio tiempo a pasear por los alrededores del aeropuerto Enrique Olaya Herrera. Como es muy pequeño, los trámites se realizan rápidamente.
Llegamos al aeropuerto de Bahía Solano alrededor de las 11:30 de la mañana, donde nos esperaba el conductor del tuktuk que habíamos reservado a través de nuestro alojamiento. La primera sorpresa fue el estado del aeropuerto: un edificio precario con algunas chapas que servían como puertas de embarque. ¡La zona VIP consistía unas hamacas al aire libre! Con mucha diferencia, el aeropuerto más «improvisado» en el que habíamos estado en nuestras vidas.
Tras cerca de una hora de viaje en tuktuk por una carretera de tierra, pasamos El Valle, la población más grande de la zona en la que nos íbamos a alojar. A apenas 5 minutos andando estaba nuestro cuco alojamiento, al que llegamos sobre las 12:20 de la mañana. Ahora sí que sí, comenzaba la que iba a ser una de las grandes aventuras del viaje!

Si quieres más información sobre qué aerolíneas viajan al Chocó, cómo moverte entre Bahía Solano y Nuquí y mucho más, hemos escrito una entrada específica sobre el tema, que también te dejamos por aquí.
Recomendación: Cómo llegar al Chocó y cómo moverse entre Bahía Solano y Nuquí.
Dónde alojarte en el Chocó
Una vez decidas si visitarás la zona de Bahía Solano o la de Nuquí, te tocará buscar alojamiento. Pese a que en las anteriores localidades están los aeropuertos, no son las más famosas para hospedarte. Si vuelas a la primera, te recomendamos el pueblo de El Valle y alrededores, y si lo haces a la segunda, el área de Guachalito. Sobre qué encontrarás en cada zona y sus mejores alojamientos, hemos hablado en nuestra entrada sobre todo lo que tienes que saber para elegir entre Nuquí y Bahía Solano.

Nosotros nos quedamos en La Tarima del Colibrí, a las afueras de El Valle, y nos fuimos totalmente enamorados del lugar. Si hay algo que te podemos recomendar en Colombia es este alojamiento.
El lugar es gestionado por una pareja, una colombiana y su novio suizo, quienes construyeron las cabañas en las que ahora reciben a sus huéspedes. El sitio tiene un encanto especial, con cada detalle cuidado al máximo. Pagamos 40€ por noche en una cabaña doble con baño privado. El precio incluye un delicioso desayuno, que varía cada día, y la opción de cenar, con platos preparadas por una cocinera local. En resumen, tuvimos una experiencia maravillosa.

Llegada al Chocó
Como decíamos, llegamos a La Tarima del Colibrí pasado el mediodía, donde nos recibieron con dos deliciosos zumos, refrescantes y perfectos para hidratarnos en el clima húmedo del Chocó. Nos dieron una cálida bienvenida y nos explicaron las mejores actividades para disfrutar de la región, además de las experiencias que ellos mismos organizan. Te iremos contando lo que hicimos, pero si quieres ver la lista completa de actividades, puedes consultarla en su página web. La mayoría de los alojamientos en la zona ofrecen actividades similares, así que rápidamente puedes hacerte una idea general de qué hacer en El Valle.
Después de instalarnos en nuestra cabaña, salimos a buscar algo para comer y terminamos en el restaurante de un alojamiento cercano, Cabañas de Punta Roca. No está en Google Maps, pero te lo recomendamos muchísimo.
A diferencia de la cocina colombiana más conocida, en la que prima los fritos y la carne, el Chocó destaca por sus pescados frescos. Disfrutamos de un menú que incluía atún con salsa de maracuyá, arroz con coco, zumo y postre, todo por 5€ por persona. ¡Una auténtica maravilla!

Playa El Almejal
Decidimos tomarnos el primer día con calma y disfrutar de los alrededores. Terminamos de comer sobre las tres, y dedicamos la tarde a la Playa El Almejal. Es, probablemente, la playa más bonita en la que hemos estado.
La selva tropical se encuentra con el océano en un contraste fascinante de verdes y azules intensos, acompañados por los más de dos kilómetros de arena oscura. Es un paisaje salvaje y encantador, perfecto tanto para caminar como para simplemente admirar la inmensidad del Pacífico. Y ya no te digo para disfrutar del atardecer mientras te das un baño en sus aguas templadas, de lo mejor del viaje!

También es conocida por ser uno de los principales sitios de anidación de tortugas marinas, lo que convierte la experiencia en algo aún más especial si tienes la suerte de presenciar la liberación de recién nacidas. Te recomendamos que salgas de noche con una linterna, ya que es el momento que las tortugas utilizan para ir hacia el mar.
Después de haber comenzado nuestra aventura en la capital, Bogotá, nuestra estancia en el Chocó nos permitió vislumbrar la verdadera esencia de Colombia: un sinfín de contrastes. Pasamos del ajetreo de una ciudad con más de 7 millones de habitantes a un remanso de paz absoluto.

Aunque El Almejal es bastante conocido entre los turistas que deciden visitar esta región, no estaba nada masificado, a pesar de que estábamos en plena temporada de avistamiento de ballenas, en agosto. Para que te hagas una idea, durante los tres días que visitamos la playa, no éramos más de 50 personas en sus 2 kilómetros de extensión.
Recorrimos la playa, nos bañamos y observamos a los numerosos cangrejos ermitaños que se movían de un lado a otro sobre la arena. También tuvimos la suerte de ver a tres caballos que se acercaron al agua del mar. No creemos que haya caballos en libertad en esta zona, pero parecían estar solos. Nos quedamos dentro del agua hasta que atardeció, cuando regresamos al alojamiento.

Cena en la Tarima del Colibrí, nuestro alojamiento en el Chocó
La Tarima del Colibrí ofrece la opción de cenar platos preparados por una cocinera local. Para ello, es necesario avisarles a lo largo del día, ya que la chef necesita saberlo con antelación para comprar los ingredientes necesarios. Decidimos probar su cocina en nuestra primera noche y fue todo un acierto. Las delicias de Elaine, como llamaban a su restaurante a domicilio, resultaron ser exquisitas.

El menú era similar al de la comida, un plato de pescado, zumo y algún acompañante por unos 5€ por persona. La cena se servía sobre las 7 de la tarde, aunque un día pedimos retrasarlo un poco y no hubo problema. Una vez cenados, salimos a dar un paseo por la playa en busca de alguna tortuga en su camino hacia el mar. Tras un rato de exploración, decidimos regresar a descansar; había sido un día largo y tocaba recargar energías.
Día 4. Explorando el Chocó. El Valle, Playa Cuevita y río Tundó
El cuarto día de nuestro viaje por libre a Colombia, y segundo en el Chocó, lo habíamos reservado para el avistamiento de ballenas y el Parque Nacional de Utría. La excursión estaba planificada junto con el alojamiento, pero al amanecer nos dimos cuenta de que el clima no estaba de nuestro lado. Llovía a cántaros y el mar estaba demasiado agitado como para salir a navegar. No nos quedó otro opción más que posponer la actividad para el día siguiente y confiar en que el clima mejoraría.

Revisamos la oferta de actividades del alojamiento y decidimos tomarnos la mañana por libre y reservar por la tarde una excursión al río Tundó, que incluía una breve caminata por la selva que acababa en una cascada en la que podías darte un chapuzón.
Desayunamos con calma y, cuando paró de llover, salimos a explorar.
Playa Cuevita
En lugar de caminar hacia el norte, donde está la Playa El Almejal, optamos por ir hacia el sur. Cruzamos el pueblo de El Valle, del que luego os hablaremos más detenidamente, y continuamos en dirección a Playa Cuevita.
Apenas dejamos atrás el pueblo, se abrió ante nosotros una playa interminable. Se trataba de Playa Cuevita, con 10 kilómetros de largo y prácticamente desierta. Solo hay tres o cuatro alojamientos, incluido el Tortuga Bay Ecohotel, del que ya te hablamos aquí, y un pequeño santuario de tortugas.

Playa Cuevita es preciosa, muy similar a El Almejal. La arena oscura, la selva y el Pacífico crean un paisaje inolvidable. Lo malo es que el oleaje trae consigo algo de basura, y en un lugar tan remoto como este cuesta recogerlo. De hecho, la gestión de residuos es uno de los retos más complicados al que se enfrentan los habitantes de la zona, que hacen un gran esfuerzo por reducir sus desechos.
A pesar de encontrarnos con algo de basura durante nuestro paseo, fue una experiencia maravillosa. No nos cruzamos con nadie, salvo algún habitante local que pasaba en moto. Nuestro objetivo era llegar hasta el santuario de tortugas, aunque no estábamos seguros de si estaría abierto. Después de caminar más de una hora por la arena, nos dimos cuenta de que a pie sería difícil llegar.

Optamos por parar a un chico que iba en moto, que, a cambio de una pequeña propina, nos acercó al santuario. Para nuestra sorpresa, no había nadie cuando llegamos, ni personas ni tortugas. Así que, antes de que el chico se fuese, le pedimos que nos llevara de vuelta al pueblo. Fue toda una experiencia ir los tres en una moto atravesando una playa llena de troncos. Menos mal que él parecía estar más que acostumbrado y nos devolvió sanos y salvos a El Valle.
Entre tanto paseo ya se había hecho la hora de comer. Volvimos a Cabañas de Punta Roca, a degustar otro fantástico plato de pescado fresco. Por cierto, los habitantes del Chocó tiene un ritmo de vida caribeño, todo se hace con mucha calma. Así que mejor ir con tiempo cuando necesitas su servicio. Terminamos de comer rápidamente y nos fuimos a nuestro alojamiento, donde nos recogería el guía de la excursión de por la tarde.

Excursión por el río Tundó
En una región como la del Chocó, donde la selva y las lluvias son tan protagonistas, los ríos se convierten en las verdaderas arterias de la vida cotidiana y de la exploración. Estos cursos de agua no solo dan forma al paisaje, sino que también conectan comunidades, culturas y ecosistemas.
Una de las actividades más típicas, ya vayas a El Valle o a Guachalito, es dejar que un local te guíe por la selva a través de uno de los muchos ríos que la atraviesan. En El Valle, por ejemplo, se encuentra el río Tundó, que da nombre a una pequeña agencia familiar llamada Tundó Tours. Nuestro alojamiento colaboraba con ellos y nos recomendaron participar en una de sus actividades.

La excursión comenzó con un breve paseo por el pueblo de El Valle, seguido de un recorrido en barca por el río Tundó y una corta caminata hasta una cascada, donde te dejaban tiempo para refrescarte. Por último, te servían un café o chocolate y vuelta al punto de inicio. Todo ello acompañado por explicaciones sobre el ecosistema que nos rodeaba, lo que enriquecía la experiencia.
Quizá no sea una actividad que vayamos a recordar toda la vida, pero nos pareció agradable y que podía merecer la pena. La peor parte es que la barca es un poco incómoda (como cualquier barca de ese estilo), y nosotros volvimos deseando llegar. Duró unas tres horas y costó cerca de 20€ por persona.

El Valle, uno de los pueblos que conocer en el Chocó
El Valle es el pueblo más cercano a la Playa El Almejal, lo que está impulsando su economía poco a poco gracias al turismo. Sin embargo, sigue siendo un lugar muy humilde, donde la mayoría de sus habitantes viven principalmente de la pesca y otras actividades básicas. Es una región muy desconectada del resto de Colombia y, a veces, incluso un poco menospreciada por los habitantes de las grandes ciudades.

Para nosotros como turistas, esto tiene su lado positivo: aquí aún se puede encontrar un lugar que conserva su estilo de vida tradicional. Aunque ya están familiarizados con el turismo, El Valle está lejos de ser el típico destino donde solo se busca aprovecharse del visitante. De hecho, sus habitantes se esfuerzan por respetar al máximo el increíble ecosistema que los rodea, limitando estrictamente las actividades más famosas: el avistamiento de ballenas y las visitas al Parque Nacional de Utría.
Mencionamos todo esto porque, para nosotros, el verdadero encanto de El Valle fue la oportunidad de conversar con algunos de sus habitantes. Tuvimos la suerte de coincidir en nuestro alojamiento con dos medellinenses que habían llegado a El Valle por un proyecto social en el que, a través de la pintura, buscaban ofrecer a los niños y niñas una forma de desarrollo personal.

Como ya habían estado en la zona más veces, nos enseñaron parte del pueblo. Nos llevaron a comer una cremita, como llaman allí a los helados que hacíamos de pequeños con un palo y un vaso, y nos contaron en qué situación estaban los chocoanos y sus objetivos con su pequeña iniciativa. Por cierto, la cremita la tomamos en un sitio llamado Jugos dónde Pilar, por si quieres hacerle una visita. Justo al lado se encuentra el restaurante Delicias del Pacífico, uno de los más conocidos para turistas.
Sin grandes atractivos turísticos, disfrutamos enormemente de terminar el día paseando por el pueblo y observando con calma la vida cotidiana en El Valle. Cuando empezó a anochecer, volvimos a la zona de La Tarima del Colibrí para acabar la tarde.

Qué hacer por la noche en el Chocó
Esta vez no teníamos reservada la cena con las Delicias de Elaine, no porque no quisiéramos repetir, sino porque se necesitaba un mínimo de tres personas y solo nos habíamos apuntado nosotros dos. A esas horas, nuestra única opción fue ir por unas pizzas a La Pizzería Valle, que nos sacaron del apuro, aunque sin destacar especialmente. Además, nos parecieron bastante caras, probablemente debido al costo de llevar los ingredientes hasta allí.
Como al día siguiente no queríamos volver a quedarnos sin la cena de Elaine, pedimos nosotros dos tres menús para cumplir con el mínimo.

Disfrutamos de un cena muy agradable en unas mesas de uso común en el alojamiento. Además de los medellinenses del proyecto que te hemos contado, había una amiga de la dueña del alojamiento pasando unos días. Aprovechamos para mantener una agradable charla con ella y la pareja que llevaba el lugar, que nos contaron cómo habían llegado hasta allí y otras historietas. Incluso nos dieron a probar guaro, un aguardiente muy típico de Medellín, y compartimos unas cervezas de sobremesa. Siempre está bien poder mantener estos intercambios culturales en los viajes.
De hecho, nos invitaron a salir con ellos de fiesta en El Valle, aunque preferimos tomarnos la noche más relajada. Eso sí, ni se nos había pasado por la cabeza la posibilidad de salir por aquel pueblo, pero debía tener alguna casa que hacía de discoteca, ¡eso no falla en ningún sitio!
Lo que sí que hicimos fue dar un paseo por la playa, esperando ver tortugas en su camino hacia el mar. Aunque no las vimos, coincidió que era una noche de estrellas fugaces, lo que nos regaló momentos realmente inolvidables. Si visitas la zona, te animamos a salir por la noche a pasear alrededor de tu alojamiento, es una experiencia mágica.
Al día siguiente nos esperaba un madrugón para cumplir el gran objetivo de nuestro viaje al Chocó: el avistamiento de ballenas. Así que, después del paseo, dimos por concluido el día.

Día 5. Avistamiento de ballenas y visita al Parque Nacional de Utría, las mejores cosas que hacer en el Chocó
Dedicamos el quinto día de nuestro viaje, el tercero en el Chocó, a realizar la excursión de un día completo más famosa de la región: avistamiento de ballenas por el Pacífico y visita al Parque Nacional de Utría con parada para comer en Isla Playa Blanca. Es complicado ordenar las experiencias que tienes en un viaje tan largo de mejor a peor, pero, sin duda, esta excursión no bajaría del top 3. Fue sencillamente maravillosa. Por ello, creemos que vale la pena dedicarle una entrada aparte en la que te podamos explicar todo bien. Te la dejamos por aquí!
Recomendación: Avistamiento de ballenas y visita al Parque Nacional de Utría en el Chocó.

Y hasta aquí nuestros dos primeros días en el Chocó. Pese a que quedaba todavía lo mejor, las ballenas y Utría, ya estábamos encantados con nuestra estancia en esta remota región colombiana, ¡Vaya auténtico paraíso que estábamos descubriendo!
Desde el Chocó regresamos a Medellín, esta vez para quedarnos. Te dejamos por aquí la entrada por si quieres seguir nuestras aventuras en Colombia. Y, como siempre, cualquier duda en los comentarios!
Recomendación: Visitar Medellín. Qué hacer en la ciudad de la eterna primavera.
