De Riobamba a Alausí: Lagunas de Atillo y Desierto de Palmira
Si estás recorriendo Ecuador, es probable que quieras visitar su zona andina, que une las dos ciudades más bonitas del país: Quito y Cuenca. Así lo hicimos nosotros, destinando un día a viajar desde Riobamba a Alausí, con paradas en las Lagunas de Atillo y en el Desierto de Palmira. ¡Te lo contamos todo a continuación!
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Mañana en Riobamba
Comenzamos el día en Riobamba, donde habíamos pasado la noche después de visitar el Chimborazo, la cima más alta de todo Ecuador. No teníamos del todo claro si merecería la pena visitar la ciudad, o iba a ser mejor no entretenernos y ponernos en marcha cuanto antes.
Al final, previendo que tampoco iba a ser un día tan ajetreado, decidimos que, ya que estábamos allí, mejor salir de dudas y ver que tenía Riobamba para ofrecer. Además, era una excusa perfecta para desayunar antes de coger carretera.

Como habíamos dormido a las afueras, fuimos al centro en coche. Nos encontramos con que todo era zona azul, pero era fiesta por Semana Santa y nos libramos de pagar. Por cierto, la zona azul en Ecuador funciona un poco diferente. No esperes parquímetros, sino que tienes que entrar en los comercios más cercanos y preguntar si venden la tarjeta de estacionamiento.
Aparcamos al lado del Parque Sucre y nos acercamos a la Quinta Estación Café a coger un café y un trozo de bizcocho para llevar. Como tampoco queríamos entretenernos demasiado, nos lo fuimos a tomar al parque, para sentir que ya habíamos empezado con el turismo jaja El Parque Sucre es una plaza muy chula, en la que destaca el bonito Colegio Pedro Vicente Maldonado y la Fuente de Neptuno.

Después de esta primera plaza se vinieron unas cuantas más, y es que es lo mejor que hay que hacer en Riobamba: la Plaza Roja, el Parque Maldonado con la Catedral de San Pedro, el Parque la Libertad con la Basílica Sagrado Corazón o la Plaza Eloy Alfaro.
Y tenemos que decir que nos sorprendió. Pese a que está lejos de los centros históricos de Quito o Cuenca, nos parece que merece mucho la pena, sobre todo si tienes pensado hacer noche para visitar el Chimborazo. Ya sea a última hora de la tarde que lo visites o a primera de la mañana siguiente si duermes allí, te recomendamos que no dejes escapar la oportunidad de dar un paseo por Riobamba.

Completamos nuestra visita acercándonos al Mercado San Alfonso, toda una experiencia, y con las vista desde el Parque 21 de Abril. Dos horas fueron suficientes para saber que habíamos acertado de pleno quedándonos en Riobamba. Con la bonita vista de la ciudad nos despedimos y pusimos rumbo a la siguiente parada.
Si quieres saber con más detalle qué hacer o dónde dormir en Riobamba, hemos escrito una entrada dedicada a ello!
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Las Lagunas de Atillo
No eran las 11 de la mañana cuando ya estábamos en dirección a las Lagunas de Atillo. En realidad también tuvimos muchas dudas de si acercarnos o no, ya que suponía un desvío de una hora y media entre ir y volver a la Panamericana. Pero bueno, otra vez pensamos que mejor no quedarnos con la duda.
Por cierto, cuando decimos que el coche de alquiler es la mejor opción para conocer Ecuador, es por cosas como esta. Te da la libertad de hacer paradas que con transporte público serían imposibles, e ir decidiendo sobre la marcha sin que ello suponga perder tiempo. Así que ya sabes, si estás planeando tu viaje a Ecuador, te recomendamos mucho que alquiles coche!
¡Consejo! Nosotros recomendamos alquilar con DiscoverCars, el comparador con el que lo hacemos normalmente. Además, en Ecuador Sixt o Enterprise son las alternativas mejor valoradas.
Si no tienes coche, hemos visto que se ofrece una excursión desde Riobamba, la puedes reservar aquí.

Una vez tomamos el desvío hacia las lagunas, el paisaje desde la carretera es precioso. Las Lagunas de Atillo se encuentran en el Parque Nacional Sangay, a más de 3.400 metros sobre el nivel del mar. Pero bueno, después de haber alcanzado los 5.100 el día anterior, esto ya parece poco.
Llegamos sobre el mediodía expectantes por lo que nos íbamos a encontrar. Habíamos leído que eran bonitas, pero tampoco hay mucha información. Y bueno, creemos que ahora sabemos el por qué. Pero comencemos por el principio, las Lagunas de Atillo son preciosas. El paisaje es una pasada, que nada tiene que envidiar a los que ya habíamos visto en Ecuador. Y ojo, que no es nada fácil, porque qué bonito país!

Ahora bien, hay un problemilla con la visita. Y es que, por más que buscamos, no hay ni un solo lugar en el que aparcar el coche. Desde luego que esto tiene el encanto de estar viendo un sitio sin alterar por el hombre, pero ni un aparcamiento…Así que suponemos que de ahí la poca información, y es que la visita se basa en ir con tu coche disfrutando de las vistas.
Nosotros nos bajamos dos o tres veces, pero siempre dejando el coche en mitad arcén mitad carretera. Tampoco vimos ningún sendero habilitado para acercarse a las lagunas, así que, si quieres hacerlo, hay que ir campo a través. Yo me aventuré un poco y poder se puede jaja Aún así, con el coche mal «aparcado», tampoco era cuestión de alejarse mucho.

Entonces, ¿merece la pena ir a las Lagunas de Atillo? Claro, suponiendo que sigue sin acondicionarse para la visita. Por un lado, son preciosas, eso es indudable. Pero, por otro, es verdad que sabe a poco, sobre todo teniendo en cuenta que es una hora y media más de coche llegar hasta allí. Yo creo que dependiendo de qué planes tengas en el día. Como ya decía antes, nosotros preveíamos un día relativamente suave, así que no nos arrepentimos de habernos acercado a verlas.
En cualquier caso, si tienes coche de alquiler, no hace falta planearlo, vete viendo cómo va el día y decide sobre la marcha!

De las Lagunas de Atillo al Desierto de Palmira
Cuando llevábamos algo más de media hora en las inmediaciones de las Lagunas de Atillo, decidimos que poco más podíamos hacer, y continuamos rumbo a la siguiente parada: el Desierto de Palmira. Deshicimos parte del camino y retomamos la Panamericana hacia el sur.
A diferencia de las Lagunas de Atillo, el Desierto de Palmira no requiere de grandes desvíos. Todo lo contrario, se ubica justo al lado de la carretera principal. Poco más de una hora nos llevó llegar a este curioso lugar.

Desierto de Palmira: historia, horario y cuánto cuesta
La entrada está gestionada por familias indígenas de la zona, que cobran 1$ por entrar. Nos llamó la atención que muchas de las atracciones turísticas de los Andes ecuatorianos funcionan así. Parece que el gobierno cede los derechos de explotación a comunidades de los alrededores, aunque no da la sensación de que sea algo muy oficial. Por ejemplo, en la Laguna Quilotoa creemos que es parecido. Sin embargo, nosotros pensamos que nos estaban intentando timar, así que pasamos de largo y nadie nos dijo nada. Un poco extraño jaja En cualquier caso, que sepas que las entradas suelen ser de 1$, por si te quieren cobrar más.
El Desierto de Palmira es un sorprendente enclave de 10 hectáreas a unos 3.300 metros de altitud. Su origen se atribuye a siglos de erosión natural y sobrepastoreo que han desertificado parte del páramo, dejando un paisaje único en los Andes centrales. No obstante, las comunidades locales han logrado revertir parcialmente el proceso plantando pinos, creando así un pequeño oasis que contrasta con el suelo arenoso.

Por cierto, si te lo estás preguntando, su nombre nada tiene que ver con la ciudad de Palmira de Siria, sino que se debe a que se encuentra en la parroquia de Palmira Dávalos, en el cantón Guamote, provincia de Chimborazo.
Respecto al horario, creemos que se puede visitar en cualquier momento. No sabemos si los «trabajadores» de la comunidad están allí a cualquier hora, pero todo lo que puede pasar es que entres sin pagar.

Qué hacer en el Desierto de Palmira
Llegamos al Desierto de Palmira sin saber si iba a ser un poco turistada. Ahora me parece curioso pensar que tenía esa misma preocupación con varios de los lugares que teníamos pensado visitar en Ecuador. Pero, visto lo visto, cómo va a ser algo una turistada sin turistas. Y es que en la mayoría de sitios estábamos siempre solos.
Y, por enésima vez en el viaje, me llevé una grata sorpresa. La verdad que el sitio me pareció precioso. La mezcla de la arena oscura con el verde de los pinos forma un paisaje muy bonito, además de súper diferente a cualquiera otro que hubiésemos visto en Ecuador. Bueno, y que hubiésemos visto en general.

Lo mejor que puedes hacer en el Desierto de Palmira es descalzarte y recorrer sus dunas buscando las mejores vistas. Así lo hicimos nosotros hasta que encontramos un punto que nos convenció, y nos tumbamos un buen rato a disfrutar del lugar.
Además, la propia comunidad ofrece la opción dar un pequeño paseo a caballo o bajar una de las dunas con una tabla tipo snow. Por supuesto, ambas cosas no están incluidas en la entrada. Preguntamos por la tabla y no se podía alquilar como tal, sino que te cobraban por bajada, no recuerdo si 1$ o medio. Respecto al caballo, vimos dar un paseo y vaya show. Lo llevaba una niña de la comunidad que apenas tendría 13 años, y desde luego que estaba lejos de controlarlo jaja
Después de dedicar una hora al Desierto de Palmira, continuamos hacia la última parada del día: Alausí.

Alausí
Alausí se encuentra a apenas 30 kilómetros del Desierto de Palmira, aunque, sobre todo los finales, son de muchas curvas, lo que hace que se tarde unos 45 minutos en llegar. La parte final, que baja hasta el pueblo, discurre por una carretera privada, en la que cobran 2$ por vehículo si no recuerdo mal.
Alausí es un pueblo de 6.000 habitantes enclavado en un pequeño valle a los pies del imponente cerro Guampala, en la garganta del río Chanchán. Su centro histórico, declarado Patrimonio Cultural de Ecuador, destaca por sus calles empedradas, coloridas fachadas coloniales y la emblemática Estación del Ferrocarril, desde donde parte la famosa travesía hacia la Nariz del Diablo.

Esta obra ferroviaria, construida a comienzos del siglo XX bajo el impulso de Eloy Alfaro, que da nombre a una de las plazas que hay que ver en Riobamba, desciende unos 500 metros en apenas 12 kilómetros mediante zigzags, siendo considerada una de las hazañas de ingeniería más arriesgadas del mundo para su época. Y tan arriesgada fue que costó la vida de muchísimos trabajadores. No hay un dato oficial, pero se estima que entre 2.000 y 4.000 personas fallecieron durante la construcción.
Dónde dormir en Alausí
Llegamos a Alausí poco antes de las 5 de la tarde. Lo primero que hicimos fue ir a hacer el check in al hotel. La verdad que hay muy poca oferta, así que nosotros te recomendamos el alojamiento más conocido, el Hotel Europa. La habitación doble cuesta unos 35€ la noche, con desayuno incluido (aunque bastante pobre). Lo mejor es su ubicación y que incluye parking. Y ojo con esto, porque regresamos a Alausí cuando estábamos volviendo desde Cuenca a Quito y nos fue imposible aparcar. Lo puedes reservar aquí.
Si quieres una opción más económica, te aconsejamos el Community Hostel Alausi. También tiene parking, y ofrece habitaciones desde 25€. Resérvalo aquí!
Por último, te recomendamos Mi Margarita Chalets. Unas cucas cabañas de madera con piscina. Son un poco más caras, unos 50€ la noche para 2 personas.

Qué hacer en Alausí
Una vez hecho el check in, teníamos dos opciones: retrasar la comida hasta que se hiciese de noche y comenzar a visitar el pueblo, o comer y dejar el turismo para la mañana siguiente. Dado que no habíamos tomado nada desde el desayuno, no sorprende que nos acabásemos decantando por lo de comer.
Fuimos a El Mesón del Tren, el restaurante más recomendado de Alausí. Y la verdad que entendemos el por qué. Nos comimos un plato de cordero súper rico. Eso sí, como ya habíamos aprendido a lo largo del viaje, no esperes entrar en un restaurante en Ecuador y que sea todo rápido. Mira que estábamos solos, y aún así nadie nos quitó las dos horas que estuvimos dentro. Pero bueno, ya sabíamos que íbamos a salir de noche.

Dimos un agradable paseo nocturno antes de volver al hotel, y dejamos el turismo para la mañana. Bueno, realmente lo vimos todo de noche, no deja de ser un pequeño pueblo jaja Pero queríamos verlo de día.
Lo más famoso es recorrer la Calle Eloy Alfaro, por la que discurren las vías del tren entre las coloridas fachadas coloniales. Desde el final de la calle fuimos al Parque 13 de Noviembre, la Plaza Principal de Alausí. Allí llama la atención el Monumento a la Libertad, reflejada con una mujer hondeando una bandera, y la Iglesia de San Pedro. El nombre de la plaza hace referencia a la fecha en la que el pueblo consiguió su libertad de los españoles, en el año 1820.

El resto del tiempo paseamos por las empedradas calles del centro de Alausí y subimos al Mirador de San Pedro, con muy buenas vistas. Por cierto, en la zona de acceso a las escaleras al mirador, por las calles Dávila y Antonio Moro, se pone un mercado súper auténtico. Fue muy curioso de ver cómo vendían cuis vivos y todo tipo de animales.
En una hora lo tendrás todo más que visto, dos si te lo quieres tomar con mucha calma. El pueblo, sin ser la gran maravilla, nos pareció bonito y, sobre todo, muy agradable de pasear. En cualquier caso, lo que hace que tantos viajeros lleguen hasta aquí es su famoso tren, la Nariz del Diablo. Aunque de eso ya te hablamos en la entrada que hemos dedicado específicamente a todo lo que hacer en Alausí!
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Mapa con todo lo que visitamos en el día en las Lagunas de Atillo y el Desierto de Palmira
Te dejamos por aquí un mapa con todos los puntos que visitamos en este día que nos llevó desde Riobamba a Alausí, pasando por los bonitos paisajes de las Lagunas de Atillo y el Desierto de Palmira.
Y hasta aquí toda la información de la ruta. Nos acercábamos ya a la recta final de nuestro viaje por Ecuador. Todavía nos quedaba visitar Cuenca, el Parque Nacional de Cajas o el Mercado Artesanal de Otavalo, pero ya estábamos encantados con haber decidido conocer este país todavía por descubrir. Como siempre, cualquier duda en comentarios!
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