Timisoara: 20 lugares que ver en la ciudad más bonita de Rumanía
Ubicada al este de Rumanía, muy cerca de las fronteras con Serbia y Hungría, Timisoara es en nuestra opinión la ciudad más bonita del país. Y ojo, que hablando de un país que nos encanta, ese título no es poca cosa! Solo la Plaza de la Unión, con sus edificios modernistas, y la Plaza de la Victoria, con la Catedral Metropolitana, hacen que la visita a Timisoara sea un imprescindible en cualquier viaje por el país. Te contamos todo lo que hacer en esta preciosa ciudad!
Después de comenzar nuestra segunda aventura en Rumanía en Cluj-Napoca, cogimos el coche para poner rumbo a Timisoara. Le dedicamos a la ciudad un día completo, dividido entre la tarde del día en el que llegamos y la mañana siguiente. Es tiempo suficiente para poder ver todos los atractivos de la ciudad, aunque si dispones de algo más podrás recorrerla con más calma, que puede merecer la pena. De hecho, en el itinerario de 10 días por Rumanía propusimos pasar en Timisoara alrededor de un día y medio, lo dejamos por aquí por si os interesa!
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Como decíamos, llegamos a Timisoara en coche. En nuestra opinión, es la mejor forma de recorrer el país. Sin embargo, por experiencia, sabemos que decidirte a alquilar un coche en Rumanía puede ser algo complicado, ya que no son pocos los que opinan que la conducción allí es temeraria. Si es tu caso y te gustaría tener más información de personas que hayan vivido la experiencia, nosotros hemos hablado sobre ello en esta entrada que te dejamos aquí. Después de conducir más de 2.000 kilómetros en Rumanía, tenemos una idea bastante general de lo que esperar!
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Si llegas en coche, ten en cuenta para aparcar que el centro es de pago más que vayas en fin de semana. Puedes dejarlo al otro lado del río Begej. Nosotros nos alojamos ahí, en el Cozy Hideout, que os lo recomendamos por cierto, y hay mucho aparcamiento.
1. Castillo de Hunedoara
La primera parada que proponemos no se encuentra realmente en la ciudad, sino a mitad de camino entre Cluj-Napoca y Timisoara. Como nosotros la incluimos en nuestra ruta y creemos que vale mucho la pena, la comentamos! Estamos hablando del Castillo de Hunedoara. Es sin duda uno de los castillos más bonitos y mejor conservados de Rumanía, pese a no tener tanta fama como, por ejemplo, el de Bran, que se ha utilizado como reclamo turístico ligado a Drácula.
El Castillo de Hunedoara se asocia principalmente con Matías Corvino, el rey de Hungría en el siglo XV, que fue uno de los monarcas más famosos de la historia medieval de Europa Central, al que está dedicado la plaza de la Iglesia de San Miguel de Cluj. De hecho, el castillo también recibe el nombre de Corvin, en honor a la familia de Matías.

La visita nos encantó. Además de ser precioso por fuera, tiene tal cual la forma de un castillo de cuento, su interior esconde muchas sorpresas. Pasadizos, torres, capillas, miradores, pequeñas exposiciones, mazmorras con máquinas de tortura, un bonito patio interior…Sin duda, merece mucho la pena entrar a ver cómo vivía nuestro amigo Matías durante su reinado.
La entrada cuesta 50 ROM (10€) para adultos, y 10 ROM (2€) para estudiantes. Si te quieres ahorrar unos eurillos, te diremos que no nos pidieron ningún carnet que demostrase que fuéramos estudiantes. Abre de 9:00 a 17:00 todos los días, a excepción del lunes, que no abre hasta las doce de la mañana.

Por cierto, según llegas verás un parking de pago, por 15 ROM (3€) el vehículo. Nosotros aparcamos de forma gratuita en la Strada Furnale, justo al lado. Dedicamos a la visita algo menos de dos horas.
2. Plaza de la Victoria
Después de la parada en el Castillo de Hunedoara, comenzamos, ahora sí, con la visita a Timisoara. Y empezamos con uno de los lugares más emblemáticos y concurridos de la ciudad, la Plaza de la Victoria. Más allá de sus atractivos, de los que ahora te hablamos, es un sitio con muchísima importancia histórica. Fue uno de los lugares con más relevancia en los comienzos de la Revolución de 1989, cuando Timișoara se convirtió en la primera ciudad libre del régimen comunista en Rumanía, impuesto por Nicolae Ceaușescu durante 15 años. Desde aquí se extendería al resto del país, en una rapidísima rebelión que acabo con el mandatario y su mujer fusilados en apenas 10 días, coincidiendo con la Navidad de aquel año.
No obstante, por si te lo preguntas, su nombre no viene de la victoria de la revolución, sino que se la rebautizó así tras la derrota de las potencias del eje en la Segunda Guerra Mundial. Antes se la conocía como la Plaza de la Ópera, uno de los edificios con más presencia en la plaza, en el extremo norte. Pese a que sus orígenes datan de 1875, dos grandes incendios provocaron que la estructura que vemos hoy en día provenga de los años 30, en un estilo neobizantino que lo diferencia del resto de edificios del lugar. Como curiosidad, desde su balcón se dieron varios discursos que incitaron a los rumanos a unirse a la revolución, motivo por el que se ha colocado una placa en su fachada recordando los hechos.

La plaza es un enorme y alargado espacio peatonal donde turistas y locales se cruzan en el día a día. Sus laterales están recorridos por preciosos edificios, con alguna excepción eso sí, que reflejan la influencia del modernismo y el estilo de Secesión vienés, característico de principios del siglo XX. Las fachadas decoradas con detalles neoclásicos y art déco se complementan con balcones ornamentados y detalles en mosaico que evocan la riqueza arquitectónica de la época, una auténtica maravilla.
En el centro, zonas verdes, esculturas y fuentes hacen del lugar un sitio súper agradable por el que pasear. De las más características es la figura de la Loba Capitolina con Rómulo y Remo. Como curiosidad, hay varias esculturas similares repartidas por todo Rumanía. Provienen de principios del siglo XX, cuando Benito Mussolini regaló varias réplicas como gesto de hermandad entre los países.
Cuando la visitamos, estaba ocupada por un mercadillo. Era comienzos de marzo, cuando se celebra en el país la llegada de la primavera en una festividad conocida como Mărțișor. Por lo que vimos, lo típico es comprar una especie de broches decorados con pequeñas flores. De hecho, todas las ciudades que vimos estaban llenas de gente vendiéndolos.
En resumen, la Plaza de la Victoria es un lugar precioso que ver en Timisoara. Te recomendamos sentarte en alguno de sus bancos a disfrutar tranquilamente de su ambiente y edificios. Además, por si esto fuera poco, queda la joya de la corona, la Catedral Metropolitana!

3. Catedral Metropolitana de Timisoara
Si en el extremo norte de la plaza decíamos que estaba el bonito edifico de la ópera, en el extremo sur está, sin duda, el gran atractivo del lugar: la Catedral Metropolitana de Timisoara. Está dedicada a los Tres Santos Jerarcas de la Iglesia Ortodoxa, Basilio el Grande, Gregorio el Teólogo y Juan Crisóstomo. De hecho, algo que nos llamó la atención durante nuestras visitas es que las catedrales tuviesen tres puertas principales, lo que se debe a la existencia de los Tres Santos.
Construida entre 1936 y 1946, destaca por su imponente arquitectura de estilo neobizantino con influencias moldavas, reflejada en sus siete torres con techos de tejas esmaltadas en colores rojo, amarillo y verde. Su torre central alcanza los 90 metros de altura, lo que la convierte en la iglesia ortodoxa más alta del país.
Si el exterior es precioso, el interior no se queda atrás, con frescos detallados, íconos religiosos y un impresionante iconostasio dorado. La pena es que cuando entramos estaba bastante oscura, no sabemos si es la norma general o por algún motivo tenían las luces apagadas. Aún así, merece mucho la pena verla por dentro.
Otra cosa que te recomendamos es rodearla caminando por el agradable Parque de la Catedral, obteniendo diferentes perspectivas de sus torres y fachadas. También puedes alargar el paseo por el Anton von Scudier Park, otro parque que colinda al oeste. La Catedral está abierta todos los días de 6:30 a 19:00, no te vayas a confiar y te quedas sin verla!


4. El Palacio del Agua de Timisoara
Aprovechando la cercanía del Río Begej, te proponemos que lo cruces por el Puente María para acercarte a ver la fachada del Palacio del Agua. Construido en 1901, durante la época en la que Timișoara formaba parte del Imperio Austrohúngaro, el palacio fue diseñado para albergar la sede de la Compañía de Aguas de Timișoara, responsable del sistema de abastecimiento de agua potable y alcantarillado de la ciudad.
Como curiosidad, Timisoara fue una de las primeras ciudades europeas en contar con una red moderna de suministro de agua y saneamiento. Es un ejemplo perfecto del estilo de Secesión vienesa que comentábamos antes.
Justo nada más cruzar el río, antes de llegar al Palacio, hay otro parque, el Alpinet Park, que tiene un puente y un par de estructuras de estilo japonés.
5. Museo del Consumo Comunista
Nos alejamos un poco más del centro hacia el sur para visitar uno de los lugares más curiosos de Timisoara, el Museo del Consumo Comunista. Es un bar en cuyo sótano se conservan muchísimos objetos de la época comunista, desde libros o juguetes a menaje de cocina, pasando por televisiones, radios, botellas, muebles, mapas, un baño… vamos, absolutamente de todo.
La verdad que, si tienes tiempo, creemos que merece la pena acercarse. Es gratuito y abre de 10:00 a 23:00, salvo el sábado, que abre a las once, y el domingo, que abre a las dos. Lo suyo sería dejar una pequeña propina o consumir algo en el bar. Como no nos apetecía beber nada y no teníamos efectivo, hicimos la visita gratis.
Si has llegado hasta aquí, puedes acercarte a ver la imponente fachada de la Biserica Romano-Catolica din Elisabetin. Por dentro no tiene ninguna gracia, por lo que pasear por fuera es suficiente.

6. Strada Alba Iulia
Volvemos hacia el centro y cruzamos de nuevo la Plaza de la Victoria, esta vez para seguir hacia el norte por la Strada Alba Iulia, la calle más transitada de Timisoara. Conecta la propia Plaza de la Victoria con la Plaza de la Libertad, de la que ahora te hablamos. Es peatonal y continúa con el estilo arquitectónico de ambas plazas.
Está llena de cafeterías e iluminada con un montón de luces LED, que hace que por la noche merezca tanto la pena pasearla como por el día. Además, por lo que hemos visto, en verano la cubren totalmente con paraguas, haciendo que sea uno de los lugares más fotografiados de Timisoara.

7. Plaza de la Libertad
La Plaza de la Libertad es otro de los lugares más concurridos de Timisoara. Ha sido partícipe en muchos de los acontecimientos históricos de la ciudad, lo que ha hecho que su nombre haya cambiado varias veces a lo largo de los siglos. Durante la ocupación otomana, la plaza servía como centro administrativo y militar, albergando la sede del gobierno turco. Con la llegada de los Habsburgo, se convirtió en un espacio de estilo barroco y adquirió su carácter europeo. En el siglo XVIII, recibió el nombre de Plaza del Príncipe Eugenio, en honor al líder militar que liberó Timisoara de los otomanos. Más tarde, pasó a llamarse Plaza de San Jorge y, finalmente, Plaza de la Libertad, nombre que adoptó tras la Primera Guerra Mundial.
En el centro de la plaza hay un monumento de Santa María y San Juan Nepomuceno. Se colocó en 1756, como símbolo de protección frente a epidemias, después de que la ciudad perdiese a 1.000 de sus 6.000 habitantes con motivo de la Gran Peste.
Entre los edificios que rodean la plaza, destacan el Antiguo Ayuntamiento, un elegante edificio de estilo barroco del siglo XVIII, y el Cuartel Militar Viejo, que estaba en restauración cuando estuvimos. No obstante, lo que más nos llamó la atención fue un piano público rodeado de bancos. Según hemos leído, fue una iniciativa de la ciudad para acercar el arte a todo el mundo, de forma que cualquiera puede tocarlo. Nosotros vimos a una pareja que parecían bastante acostumbrados a hacer uso de él, y que hacían de la plaza un lugar especial a través de la música.

8. Las calles más bonitas del centro de Timisoara
Junto con la Strada Alba Iulia y la Strada Lucian Blaga, que unen la Plaza de la Victoria con la Plaza de la Libertad, las calles más bonitas de Timisoara se ubican entre esta última plaza y la Plaza de la Unión. Hablamos de las siguientes: Strada Emanoli Ungureanu, Strada Vasile Alecsandri, Strada Florimund Mercy, Strada Episcop Augustin Pacha, Strada Eugeniu de Savoya, Strada 9 Mai y Strada Gheorghe Lazar.
Todas ellas son preciosas, con un montón de edificios que no dejarán de sorprenderte. Además, muchas de sus esquinas están decoradas con curiosas y bonitas esculturas. Podríamos estar nombrando palacios un buen rato, pero dejaremos que los vayas descubriendo tú mismo! Eso sí, no dejes de mirar hacia arriba porque hay un montón de detalles en los balcones y fachadas que pueden pasarse por alto fácilmente.
Además, estás calles albergan la mayoría de restaurantes más recomendados de Timisoara, pero el aparato gastronómico lo dejamos para un poco más adelante.

9. La Plaza de la Unión, el lugar más bonito de Timisoara
Ya estábamos encantados con la ciudad, pero lo que no sabíamos es que nos quedaba lo mejor: la Plaza de la Unión. Para empezar, te diremos que es de las plazas más bonitas que hemos visto en nuestra vida! Está rodeada al completo por edificios preciosos, en su mayoría ejemplos del estilo de Secesión vienesa, muy próximo al Art Nouveau o modernismo, como lo conocemos en España.
Más allá de sus principales edificios, de los que ahora te hablamos, la plaza ocupa un espacio amplísimo con la Columna de la Santísima Trinidad en el medio. En los alrededores hay un montón de terrazas que seguro que son un sitio ideal para tomarte un respiro si la temperatura lo permite. Estando en marzo, nosotros tuvimos que dejar el terraceo para otra ocasión 🙁
10. Casa de la Turta Dulce
Si entras a la plaza por la Strada Vasile Alecsandri, el primer edificio que te llamará la atención es la Casa de la Turta Dulce, nombre que hace alusión a su similitud a un pastel. Salvando las distancias, nos recordaba a un edificio que podría haber sido diseñado por Gaudí, uno de los máximos exponentes del modernismo español.
Fue restaurado y pintado hace unos pocos años, lo que hace que hoy en día luzca a su máximo esplendor. Lo más característico es su fachada pintada en un tono rosa pastel y los detalles en azules y verdes.

11. El Palacio Episcopal Serbio y la Iglesia Serbia
Justo al lado de la Casa de la Turta Dulce se encuentra el Palacio Episcopal Serbio. Construido en 1745, este palacio ha sido la sede de la Eparquía Ortodoxa Serbia de Timișoara desde entonces, reflejando la importancia de la comunidad serbia en la ciudad. Su arquitectura combina elementos del barroco vienés con influencias de la Secesión vienesa, especialmente tras la renovación de 1906, cuando adquirió su aspecto actual.
Al otro lado del Palacio puedes visitar la Iglesia Ortodoxa Serbia. Construida en los mismos años, la similitud de ambos hace que se complementen a la perfección. Te recomendamos entrar a ver alguno de los frescos que decoran sus paredes y techos. Por cierto, una cosa que llama la atención es que la entrada de la iglesia está situada en el lado contrario de la plaza, en la calle paralela.

12. Catedral de San Jorge
Nos movemos a la esquina contraria de la plaza para hablar de la Catedral de San Jorge. Es el templo religioso más importante de la comunidad católica de Timisoara. Construida entre 1736 y 1774, durante el dominio del Imperio Habsburgo, es otro ejemplo de construcción de estilo barroco vienés. De hecho, una de las cosas más bonitas e la Plaza de la Unión es que todo parece haber sido diseñado para ubicarse allí. No hay ningún edificio que rompa la armonía, lo que hace que, mires donde mires, la imagen sea preciosa.
Su interior no es nada del otro mundo, pero tiene algún bonito detalle que, ya que estás aquí, vale la pena que entres a verlo.

13. Museo de Arte de Timisoara
El Museo de Arte se ubica en el Palacio Barroco, otra obra de la misma época y estilo. La colección del museo incluye obras de artistas rumanos y europeos desde el Renacimiento hasta el arte contemporáneo. Entre sus exposiciones permanentes, destaca la dedicada al pintor Corneliu Baba, uno de los artistas rumanos más reconocidos del siglo XX. También cuenta con una valiosa muestra de iconografía ortodoxa de la región de Banat, así como pinturas y esculturas de los siglos XVIII y XIX.
La entrada cuesta 21 ROM (4,2€), y abre de miércoles a domingo de 10:00 a 18:00. Nosotros no somos grandes amantes de los museos de arte, así que lo dejamos para la segunda visita.
14. Casa Brück
Y acabamos el recorrido por la Plaza de la Unión en uno de sus edificios más icónicos, la Casa Brück. Nosotros lo llamamos la casa sandía, por su característica mezcla de colores verdes y rojos. Originalmente, la casa perteneció a Salamon Brück, un farmacéutico que tenía su negocio en la planta baja. Como curiosidad, sigue existiendo una farmacia, aunque no sabemos si ligada a sus descendientes. Todavía cuenta con muebles de la época, así que puedes entrar a echar un vistazo.

15. Bastión María Teresa
Ubicado a las afueras del centro de la ciudad, el Bastión María Teresa es el único resto que queda hoy en día del sistema de fortificaciones Vauban, construido en el siglo XVIII para proteger a Timisoara de invasiones otomanas. Su nombre rinde homenaje a la emperatriz María Teresa de Austria, bajo cuyo reinado se experimentó un importante desarrollo militar y administrativo.
Realmente, si decimos que es lo único que queda en pie es gracias, en gran parte, a que ha sido completamente restaurado. Actualmente funciona como un espacio cultural y comercial, donde se encuentran galerías de arte, restaurantes, bares y tiendas. La mezcla de los antiguos arcos en ladrillo rojo con las nuevas cristaleras nos pareció bonita, por lo que te recomendamos acercarte a verlo. Está al lado de una transitada rotonda conocida por la brújula que indica los puntos cardenales en el centro.

16. Jardín Botánico de Timisoara
Caminando hacia el norte y ya fuera del casco histórico, puedes darte un paseo por el Jardín Botánico de Timisoara. Pese a que no tiene nada que ver con el de Cluj-Napoca, que lo habíamos visitado el día anterior, es un espacio verde agradable que combinar con la ciudad. Es gratuito y no muy grande, por lo que en 20 minutos lo tendrás más que visto. En cualquier caso, si no tienes mucho tiempo es prescindible.
17. Iulius Gardens
Lo que sí que nos gustó mucho fue visitar Iulius Gardens, un parque urbano que se mezcla con una zona de oficinas. Es un sitio súper agradable, y todos sus caminos cuentan con altavoces a los lados que ponen la banda sonora a tu paseo. También hay un tío vivo, un lago artificial, cafeterías y un sitio que nos pareció súper curioso, el pabellón de la música.
La gracia del pabellón es que cuenta con altavoces a los que puedes conectarte por Bluetooth! Nosotros pasamos un rato divertido eligiendo el hilo musical de esta zona del parque. Además, también hay un piano público y alguna otra cosilla más. Si puedes acercarte, te lo recomendamos mucho!

18. El parque del río
Terminamos el repaso de las zonas verdes de Timisoara con el parque alrededor del río Begej. Al sur del centro, hay un camino de algo menos de dos kilómetros que discurre al lado de la orilla del río. Un poco más metido al interior, puedes visitar la Rosaleda o el Teatrul de vara, un escenario al aire libre en el que se organizan todo tipo de eventos.
19. Museo Satului de Timisoara
Si tienes coche, el Museo Satului es una visita muy interesante que incluir en un itinerario por Timisoara. A menos de 10 minutos del centro, a unos 4 kilómetros, tendrás la posibilidad de ver casas tradicionales y edificaciones rurales, como molenos, graneros, chozas y talleres, que fueron trasladadas desde diferentes pueblos y aldeas de la región para preservarlas como parte del patrimonio cultural.
Cada una de estas estructuras refleja la arquitectura popular rumana de los siglos XVIII y XIX, y muchas aún conservan mobiliario y artefactos de la época. Entre todos los edificios, destaca la iglesia negra, que aún hoy en día se sigue utilizando con fines religiosos.
De hecho, pese a que el museo cuesta 24 ROM (4,8€), 6 ROM si eres estudiante, nosotros entramos gratis. No sabemos bien el motivo, pero sospechamos que se debió a que era domingo y que en la iglesia se estaba celebrando una especie de misa.
Este estilo de museo es bastante típico en todo Rumanía. Notros ya habíamos visitado uno muy similar en Sibiu, llamado Astra, aunque mucho más grande que este de Timisoara. Pese a que ya conocíamos el concepto, nos alegramos de haber incluido esta última visita en Timisoara. Dependiendo del tiempo que tengas, te recomendamos dedicarle alrededor de una hora y media.


20. Arad, una ciudad que visitar cerca de Timisoara
Desde Timisoara continuamos rutqa hacia Oradea, de la que te hablaremos en otra entrada. De camino, a unos 50 minutos, pasamos por Arad, una ciudad muy poco conocida pero que tiene una parada interesante: la Piata Avram Iancu, el Teatro Ioan Slavici, el Ayuntamiento o los palacios de estilo de Secesión vienesa harán que no te arrepientas de incluir Arad en tu itinerario.
Además, la Catedral de la Santísima Trinidad esconde en su interior impresionantes frescos que recubren por completo sus techos y paredes. Nos pareció realmente bonita, y la puedes visitar en un momento. Así que, aunque no quieras ver la ciudad, te recomendamos parar en la Catedral, por la que pasarás si haces el camino entre Timisoara y Oradea en coche.

Mapa con todo lo que ver y hacer en Timisoara
Te dejamos por aquí un mapa con todos los puntos de los que te hemos hablado.
Y hasta aquí toda la información sobre lo que ver en Timisoara. Como decíamos, nos parece la ciudad más bonita que ver en Rumanía, así que no podemos hacer más que recomendarte que la disfrutes! Si quieres continuar leyendo sobre qué hacer en esta zona del país, te dejamos aquí la entrada que hemos escrito sobre Oradea. Y, como siempre, cualquier duda en comentarios!
Recomendación: Qué hacer en Oradea, la ciudad del Art Nouveau de Rumanía.


