Qué hacer y ver en Rabat en un fin de semana. Itinerario+mapa

Rabat, la capital de Marruecos, es una ciudad en la que la modernidad se está haciendo poco a poco hueco entre lo tradicional y lo auténtico. Sin perder su esencia, visitar Rabat es asistir a una mezcla perfecta entre un mundo que sigue anclado a la típica vida marroquí y otro que cada vez recuerda más a una sociedad occidentalizada. Recorrimos la ciudad en un fin de semana, tiempo perfecto para no perderte ninguno de sus atractivos. Te contamos qué hicimos y recomendaciones para la visita!

Viajamos a Rabat un fin de semana en diciembre. Encontramos unos vuelos baratos desde Madrid para salir un viernes por la tarde y volver un domingo por la noche, y nos pareció una forma perfecta de terminar el año. Habíamos leído que no era gran cosa, pero a nosotros nos encantó. Nos sorprendió muchísimo lo cuidada que está y lo agradable que resulta pasear por alguna de sus zonas. Pero antes de comenzar con qué hacer y ver, te contamos un poco sobre Rabat.

Vistas a la muralla de la Kasbah.

Rabat es la capital de Marruecos desde 1912, cuando los franceses trasladaron la capital desde Fez durante el período del Protectorado. A diferencia de otras capitales, Rabat no es la ciudad más grande ni la más poblada del país; ese título lo ostenta Casablanca, con los más de 4 millones de habitantes por los menos de 2 que residen en Rabat. Sin embargo, es una de las ciudades más importantes de Marruecos, ya que alberga las principales instituciones gubernamentales, embajadas y la residencia real.

Ubicada en la costa atlántica, en la desembocadura del río Bu Regreg, Rabat forma parte de una conurbación con su vecina Salé, en la que se ubica el aeropuerto. Su clima es mediterráneo con influencia oceánica, lo que significa inviernos suaves y veranos templados, haciéndola un destino agradable durante todo el año.

La ciudad combina historia y modernidad, con una medina tradicional amurallada, sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como la Kasbah de los Oudayas y la Torre Hassan, además de modernas infraestructuras, bulevares y espacios culturales que la convierten en un lugar atractivo para visitar.

Como avanzábamos, el aeropuerto de la ciudad se encuentra realmente en Salé. No obstante, está muy cerca de Rabat, a unos 10 kilómetros de la medina. Nosotros llegamos ya entrada la noche de un viernes. Por experiencia, cuando viajamos a Marruecos preferimos no complicarnos la vida con transporte público ni entretenernos regateando el precio con un taxista. Más aún si llegamos tan tarde.

Sin embargo, Rabat sí que tiene una buena alternativa: el bus lanzadera que conecta el aeropuerto con la estación de Rabat Ville. Esta se ubica en la Avenida Mohammed V, a unos 20 minutos andando de la medina. Dependiendo de donde vayas a dormir, puede no estar mal. El precio es de 20 MAD (2€), y sale cada media hora desde las 6:00 hasta las 21:00.

Paseando por la Avenida Mohammed V, una de las arterias principales de Rabat
Paseando por la Avenida Mohammed V, una de las arterias principales de Rabat.

Más allá de transporte público, puedes coger un taxi o un grand taxi. El primero te costará unos 150-200 MAD (14-19€), mientras que el segundo es más económico ya que es compartido. Deberías poder sacarlo por no mucho más de 50 MAD (5€) por persona.

Llegando sobre las once de la noche, como fue nuestro caso, recomendamos reservar el transporte con tu alojamiento y dejarte de líos. A nosotros nos cobraron unos 20€, totalmente disparatado para el nivel del país y la distancia que separaba nuestro alojamiento del aeropuerto. Aún así, la comodidad de llegar a esas horas y que haya alguien esperándote para dejarte en la puerta del alojamiento nos compensaba.

Por cierto, a la vuelta ten en cuenta que en los aeropuertos de Marruecos suele ser obligatorio llevar la tarjeta de embarque impresa, al menos si vuelas con Ryanair. Normalmente los alojamientos están al tanto y se lo recuerdan a los huéspedes, ofreciéndose a imprimirlo, pero por si acaso lo comentamos.

Los Jardines Andalusíes de la Kasbah.

Llegamos a Rabat un viernes sobre las once de la noche. Fuimos directamente a nuestro alojamiento, Dar Aida, la típica casa tradicional de la medinas marroquíes. Hay quién opta por alojarse en otras zonas, pero a nosotros nos pareció la mejor opción. A esas horas ya solo nos quedaba irnos a dormir para aprovechar bien los dos días que teníamos por delante.

Quedamos a las ocho de la mañana para comenzar el día con el desayuno que teníamos incluido. Un zumo de naranja, café, dulces, los crepes de Marruecos o tostadas, muy completo y muy rico! Como a esas horas la medina está un poco muerta, empezamos las visitas en la zona nueva.

El patio interior de Dar Aida.

Salimos de la medina por Bab Bouiba, una de las puertas de acceso en la antigua muralla. Desde allí recorrimos la Avenida Mohammed V, una de las arterias principales de Rabat. La avenida es conocida por sus edificios de estilo colonial francés con influencias marroquíes, muchos de los cuales datan de la época del Protectorado. Entre los más destacados, se encuentra el Parlamento de Marruecos, con su fachada rojiza y su importante papel en la política del país.

Antes de llegar al Parlamento, se pasa por una rotonda con la Oficina de Correos a la derecha y la sede del Banco Al-Maghrib a la izquierda, dos bonitos edificios en los que merece la pena detenerse.

Edificio del Banco Al-Maghrib, en la avenida.

Recorrimos toda la avenida, paseando por sus amplias aceras decoradas con palmeras y jardines bien cuidados. Además, también cuenta con multitud de comercios locales, como tiendas, cafeterías y restaurantes. Si estás dos días en Rabat, vale la pena acercarse, pero tampoco lo veo como un imprescindible.

El final de la Avenida Mohammed V conduce directamente a la Mezquita Assounna, construida en el siglo XVIII durante el reinado del sultán Moulay Slimane. Pese a que la entrada está prohibida para los no musulmanes, merece la pena acercarse a su imponente minarete. Con sus 44 metros de altura, es similar al de la famosa Mezquita Koutoubia de Marrakech.

A su alrededor se encuentra el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo Mohammed VI. Ubicado en un bonito palacio, es una de las exposiciones artísticas más importantes del país. Se centra en autores marroquíes, aunque suele contar con espacios temporales dedicados a artistas internacionales. El precio de la entrada es de 5€ y abre todos los días de 10:00 a 18:00, a excepción del martes, que permanece cerrado.

Minarete de la Mezquita Assounna, uno de los templos religiosos más importantes de Rabat.
Minarete de la Mezquita Assounna, uno de los templos religiosos más importantes de Rabat.

Si quieres seguir explorando el lado artístico de Marruecos, muy cerca está Villa des Arts, una bonita villa que, más allá del propio edificio y sus cuidados jardines, expone alguna que otra obra. Siendo gratuito, es una visita agradable que hacer en Rabat.

El Dar al-Makhzen de Rabat es el Palacio Real de Marruecos y la residencia oficial del rey Mohammed VI. Se trata de uno de los edificios más importantes y simbólicos del país, ya que no solo es el hogar del monarca, sino también el centro de la administración real y un lugar donde se celebran eventos oficiales de gran relevancia.

Habíamos leído que no merece mucho la pena acercarse, porque lo único que se puede hacer es contemplar su puerta desde fuera. Como estaba muy cerca de la Mezquita Assounna, fuimos para corroborarlo por nosotros mismos. Y así es, puedes prescindir de esta parada jaja Sus puertas son bonitas, pero saben a poco. Aún así, es un lugar relevante de Marruecos cuya existencia está bien conocer. Si te quieres acercar, puedes ir al punto marcado como Mechouar, que te lo dejamos en el mapa de abajo.

Puerta de Dar-al-Mahkzen, en Rabat.
Puerta de Dar-al-Mahkzen.

Para no regresar hacia la medina por el mismo camino, nos desviamos dirección sur con el objetivo de atravesar tres espacios verdes. El primero fue el Jardín Belvédére, justo al lado de la Biblioteca Nacional. Lo mejor es que hay una buena vista de la ciudad.

Desde ahí continuamos hasta el Jardín Botánico y a los Jardines Andaluces, uno al lado del otro. Ambos son gratuitos y están muy cuidados, lo que hace que tengan un agradable paseo. Respecto a si merece la pena, un poco lo mismo que con toda esta zona más moderna de Rabat. Si tienes tiempo, puedes ir, pero si no vas no te perderás lo mejor de la ciudad.

Vistas desde Jardín Belvédére, al lado de la Biblioteca Nacional de Rabat.
Vistas desde Jardín Belvédére, al lado de la Biblioteca Nacional de Rabat.

Por cierto, hay otros Jardines Andalusíes de los que hablamos un poco más adelante, por la posible confusión jaja A todo el trayecto que hemos comentado hasta aquí le dedicamos unas dos horas, incluyendo la vuelta hacia la medina.

La Plaza Bab El Had es una de las más emblemáticas de Rabat y una de las puertas de entrada a su histórica medina. Como curiosidad, su nombre, que significa «Puerta del Domingo», proviene del mercado que se celebraba en esta zona los domingos en tiempos pasados. Allí se ubica la puerta Bab el Had, un vestigio del pasado medieval de la ciudad que forma parte de las fortificaciones construidas en el siglo XII por los almohades.

Vistas de la muralla de la medina desde la Plaza Bab el Had.

Actualmente la plaza es un punto de encuentro tanto para locales como para turistas. No diría que es bonita en sí, pero sí que nos resultó muy agradable sentarnos a disfrutar del vaivén de los habitantes de la ciudad.

Cruzamos la puerta de Bab el Had para adentrarnos por fin en la medina. Ya eran pasadas las once de la mañana y la vida comenzaba a llenar las estrechas calles de sus zocos. La medina de Rabat se remonta al siglo XII, cuando fue construida por los almohades, la misma dinastía que erigió la Torre Hassan y las murallas de la ciudad. Sin embargo, adquirió una nueva identidad en el siglo XVII con la llegada de los moriscos expulsados de España, quienes se establecieron aquí y aportaron su arquitectura y cultura.

Una agradable calle en la medina de Rabat.
Una agradable calle en la medina de Rabat.

Aunque solo hemos nombrado a Bab el Had, la medina tiene otras puertas de acceso. Algunas de las más populares son: Bab Laalou, Bab Bouiba, Bab Chellah o Bab El Bahhar. A diferencia de otras medinas de Marruecos, como las de Fez o Marrakech, esta es mucho más pequeña y organizada, por lo que es muy probable que las veas todas.

Seguro que hay quién a esto le disgusta, por verlo como una pérdida de la autenticidad que ha caracterizado siempre a estos lugares. A nosotros nos encantó perdernos por sus calles y disfrutar de la tranquilidad que a veces falta en otras ciudades marroquíes. Pero, para gustos los colores!

Bab el Had, una de las puertas de acceso.

Las tiendas se concentran en la zona norte, mientras que la sur está destinada más a vivienda. Una de las calles más transitadas es la Avenida des Consuls, de las pocas que se encuentra bajo techo. En cualquier caso, siendo tan pequeña, vale la pena caminarla entera.

Otra de las cosas que nos llamó la atención de la medina de Rabat es que dentro no hay prácticamente ningún templo religioso reseñable. Por experiencia, hay medinas en las que es muy común ir topándose con mezquitas, madrasas… Pero este no es el caso, hay una mezquita y poco más. Por ello, pasear es todo lo que tienes que hacer para disfrutar de la medina.

Avenida des Consuls, una de las calles más concurridas de la medina de Rabat.
Avenida des Consuls, una de las calles más concurridas de la medina.

Salimos de la medina tras una hora de paseo para dirigirnos a la Kasbah de los Oudayas. Para acceder, entramos por los Jardines Andalusies, una pequeña zona ajardinada preciosa. Está super cuidada y puedes encontrar gran variedad de plantas y árboles. Antes de entrar, puedes subir las escaleras que delimitan con la muralla de la kasbah, y que regalan una de las imágenes más típicas de Rabat.

Al otro lado del jardín, y conectado con este a través de una pequeña puerta, se accede al Café Maure, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Su terraza con vistas al río Bu Regreg es una maravilla. No te puedes ir de Rabat sin tomarte un té con pastas aquí! Un poco caro, pero merece la pena.

Paseando por los agradables Jardines Andalusíes.

Desde la terraza de la cafetería hay unas cucas escaleras que se adentran en el complejo de la Kasbah, subiendo por la Calle Bazou. La Kasbah de los Oudayas es una fortaleza amurallada, construida en el siglo XII durante el reinado de la dinastía almohade. Fue originalmente un bastión defensivo contra invasores y piratas, aunque, con el tiempo, se convirtió en el hogar de la tribu guerrera de los Oudayas, de quienes toma su nombre.

Un minarete en medio de la Kasbah de los Oudayas de Rabat.
Un minarete en medio de la Kasbah de los Oudayas.

Recorrer la kasbah es sumergirse en un laberinto de callejuelas estrechas y casas pintadas de azul y blanco, que recuerdan a los pueblos costeros de Andalucía. Este estilo arquitectónico, con influencias tanto árabes como bereberes, crea una atmósfera mágica. Lo mejor que puedes hacer es callejear y llegar hasta el mirador, con una impresionante vista del océano y del puerto de Salé. También puedes ver el enorme Cementerio de Sidi Benachir, al otro lado del río, que se extiende al lado del mar.

La Kasbah de los Oudayas es de los lugares que más nos gustó en Rabat, si no el que más. En los dos días que estuvimos, esta fue la primera de las tres o cuatro veces que paseamos por sus calles. Sin duda, un imprescindible.

Vistas a la Playa de Salé.

Desde la kasbah nos dirigimos a la corniche de Rabat. Se puede decir que es una especie de paseo marítimo, aunque realmente da al río y no sé si es lo suficientemente grande como para llamarlo paseo jaja Aún así, vale para que te hagas una idea de lo que es.

Hay una zona con varios restaurantes, aunque no muy bien valorados. Lo que más nos gustó es una esplanada con unas preciosas vistas a la kasbah. Cuando cae la noche, se llena de niños circulando con unos pequeños coches que se alquilan allí mismo. Es de lo más curioso, aunque nos pareció un milagro que no haya atropellos ni acabe alguno en el río jaja

La Kasbah desde la Corniche, una de las imágenes más bonitas de Rabat.
La Kasbah desde la Corniche, una de las imágenes más bonitas de Rabat.

También hay un barco pirata que sirve de restaurante, Le Dhow. No lo llegamos a probar, pero no es precisamente barato. En general, es una zona agradable para estar tanto de día como de noche.

Desde la corniche se puede acceder directamente a la medina, por Bab el Bahhar. Pese a que no somos muy fans de la comida marroquí, siempre que vamos la volvemos a dar una oportunidad. Bueno, realmente es que nos cansa muy rápido más que no nos guste. Como ya se había hecho la hora de comer, fuimos a Dar El Medina, un restaurante de lo más tradicional donde pedimos un menú por 15€ por persona. Con las energías recargadas, nos acercamos a Café Petit Trésor a por un café para acompañar el baklava que compramos por la medina.

Los aperitivos que incluía el menú en Dar el Medina.

La Torre Hasán es uno de los monumentos más emblemáticos de Rabat y un testimonio impresionante de la arquitectura islámica medieval. Se trata de un minarete inacabado de 44 metros de altura, que originalmente estaba destinado a alcanzar los 80 metros como parte de la mezquita más grande del mundo en el siglo XII. Su construcción fue ordenada por el sultán almohade Yacub al-Mansur, pero quedó inconclusa tras su muerte en 1199. Aún así, la torre, construida en piedra rojiza, domina el horizonte de la ciudad y se ha convertido en un símbolo de Rabat. A su alrededor, las ruinas de la mezquita y sus más de 200 columnas de mármol inutilizadas crean un curioso complejo.

La imponente Torre de Hasán con las columnas que iban a servir de soporte para la gran mezquita de Rabat.
La imponente Torre de Hasán con las columnas que iban a servir de soporte para la gran mezquita de Rabat.

Justo en frente de la Torre Hasán se encuentra el Mausoleo de Mohamed V, un precioso edificio de mármol blanco con un techo de tejas verdes que alberga las tumbas del rey Mohamed V y sus hijos, el rey Hasán II y el príncipe Mulay Abdellah. Construido en la década de 1960, este mausoleo se caracteriza por intrincados grabados, techos dorados y una atmósfera de solemnidad y respeto.

La entrada a todo el complejo es gratuita, incluyendo el interior del Mausoleo. Para llegar se atraviesan los Jardines de la Torre Hasán, un espacio verde en el que merece la pena detenerse a disfrutar de las vistas. Una vez allí, la guardia real con vestimentas tradicionales protege el complejo. Abre todos los días de 8:00 a 18:00, y es otro de los principales encantos de la ciudad.

Mausoleo de Mohamed V, el edificio más bonito de Rabat.
Mausoleo de Mohamed V, el edificio más bonito de Rabat.

Desde la Torre de Hassan regresamos hasta la Plaza Bab el Had, para coger el tranvía que nos llevase hacia el sur de Rabat. Siempre nos parece interesante conocer zonas menos turísticas, y el paseo marítimo de Rabat hacia el Océano Atlántico nos llamó la atención. Nos montamos en la L2 y bajamos en R-Oued Eddahab, desde donde caminamos unos cuantos metros para llegar al paseo al lado del mar.

Desde allí seguimos rumbo hacia el sur hasta llegar a una zona con varios campos de fútbol, canastas y barras de calistenia. Era un sábado por la noche y aquello estaba lleno de gente haciendo deporte. Vimos un bonito atardecer y regresamos en el mismo tranvía para acabar el día por el centro histórico.

Viendo atardecer desde la agradable corniche del océano.

No te voy a decir que te recomiendo muchísimo esta visita, porque obviamente es prescindible. Pero, si tienes tiempo y te apetece hacer algo diferente, es una buena idea. Eso sí, para un occidental, el camino desde la parada del tranvía hasta la zona del mar, sobre todo de noche, puede dar algo de sensación de inseguridad. No obstante, quizá esté más en nuestra cabeza que en la realidad!

Llagamos a la medina ya totalmente de noche. Era diciembre y el sol se ponía sobre las seis y media de la tarde, así que todavía teníamos tiempo. Como era la única noche que íbamos a pasar realmente en Rabat, paseamos tanto por la medina como por la kasbah. La que más nos gustó fue esta última, muy bien iluminada y súper acogedora.

La muralla de la Kasbah, de las imágenes más fotografiadas de Rabat.
La muralla de la Kasbah, de las imágenes más fotografiadas de Rabat.

Entre paseo y paseo se fue haciendo la hora de cenar. Nos llevaban repitiendo la especias desde comida, por lo que teníamos claro que ya habíamos tenido suficiente comida marroquí por el momento. Buscando algún restaurante más occidental, terminamos yendo hacia la marina de Salé. Puedes ir en tranvía o andando, cruzando el Puente de Hassan II. Eso sí, hay casi una hora de camino desde la kasbah, así que prepárate para hacer hambre.

La marina de Salé es un puerto deportivo tomado por restaurantes y franquicias de comida rápida. Allí nos cenamos una pizza aceptable en un lugar cuyo nombre no recuerdo, antes de regresar a descansar a nuestro hotel. El primer día de viaje había sido muy completito y todavía nos quedaba otro en el que terminar de ver la ciudad.

Una de las bonitas puertas azules de la Kasbah.

Amanecimos sobre las nueve de la mañana para volver a tomar un rico desayuno en nuestro alojamiento y ponernos en marcha.

Tras acercarnos a la corniche que da al río, donde disfrutamos viendo como unos cuantos pescadores lanzaban la caña buscando algún pececillo, fuimos a caminar al paseo marítimo que queda justo al sur de la kasbah. Debajo de esta, se ubica la Playa de Rabat, donde es muy común ver a un montón de locales jugando al fútbol sobre la arena.

A su lado hay un alargado muelle que se puede pasear al completo. Tras recorrerlo, seguimos con nuestra caminata al lado del mar, dejando a un lado el enorme Cementerio de Achouhadaa y al otro el Faro de Rabat.

El Cementerio de Achouhadaa con el Faro de Rabat de fondo.

Satisfechos con el tramo recorrido, regresamos hacia la kasbah para sentarnos a cumplir con uno de los imprescindibles de Rabat, probar un té con pastas en Café Maura. Ya lo comentamos en el primer día, pero es una pequeña cafetería con una estupenda terraza desde la que disfrutar de las vistas al río Bu Regreg.

Pasamos un rato estupendo al sol, que, siendo diciembre, ya echábamos de menos en España. Allí un gatito nos acompañó mientras degustábamos nuestro té.

Tomando un té en el Café Maure.

Pese a que el día anterior ya habíamos ido a la marina de Salé por la noche, queríamos visitarlo de día. Para cruzar el río, en vez de ir al Puente Hassan II, optamos por la vía más tradicional. Cada pocos minutos hay una barca que cruza el río, y que lleva sobre todo a locales que quieren pasar de una ciudad a otra. Creo que costaba unos 20 céntimos por persona. Se coge en un pequeño muelle en la corniche, cuya ubicación te dejamos aquí.

El paseo del río de Salé es súper moderno, con edificios muy nuevos que perfectamente podrían estar en cualquier ciudad occidental. También se nota en las cafeterías y restaurantes, alejadas de los típicos establecimientos a los que estamos acostumbrados a ver en Marruecos. Fuimos primero hacia el Océano llegando a la Playa de Salé, para luego deshacer el camino dirección marina.

Vistas cruzando el río que separa a Rabat y Salé.
Vistas cruzando el río que separa a Rabat y Salé.

Como nos estaba entrando ya hambre, aprovechamos para sentarnos en una de las cafeterías de la zona. Comimos unos crepes en Panda Crepe Marina, que, pese a no ser nada del otro mundo, nos sirvió para salir del paso. No queríamos volver a estar toda la tarde con sabor a comino, así que evitamos ir a un restaurante marroquí jaja Nos tomamos un café y seguimos camino hacia la marina de Salé, para después cruzar el Puente Hassan II y disfrutar de las vistas desde los Jardines de la Torre Hasán por última vez.

La Torre Hasán desde los jardines de su alrededor.

Por cierto, aunque no lo hemos comentado todavía, hay dos edificios en Rabat que llaman muchísimo la atención por su modernidad, y que son visibles desde muchos puntos de la ciudad. El más imponente es la Torre Mohammed VI, que, con sus 250 metros, es el tercer edifico más alto de África. La torre alberga oficinas, residencias de lujo y un hotel. Además, tiene un bonito diseño que acompaña muchas de las vistas de la ciudad.

El otro es el Teatro Real, todavía inacabado. Su diseño fusiona la majestuosidad del estilo árabe-andalusí con toques modernos. Me recordó mucho a la Ópera de Oslo, aunque con un diseño basado en líneas curvas. Por altura, no es tan visible como el anterior. La mejor vista la tienes desde el Puente Hassan II.

Teatro Real y Torre Mohammed VI desde los jardines.

Dedicamos el resto del día a pasear por la medina. Nos teníamos que ir sobre las seis de la tarde, por lo que ya no nos quedaba mucho tiempo. Nos acercamos también a Qasr Bani Targha, una pequeña zona arqueológica al lado de la muralla de la kasbah. No tiene mucho, pero hay unas buenas vistas de la ciudad.

Y así, terminaba nuestra aventura en Rabat, la capital de Marruecos. Como decíamos al principio, nos sorprendió gratamente. Acostumbrados al caos que suele reinar en las ciudades del país, encontramos en Rabat un oasis de tranquilidad que nos llamó mucho la atención. Su medina, kasbah, paseos al lado del mar, la Torre de Hassan, el Mausoleo…Todos estos sitios valen mucho la pena y harán seguro que disfrutes la ciudad si decides visitarla.

Qasr Bani Targha, una zona arqueológica en el corazón de Rabat.
Qasr Bani Targha, una zona arqueológica en el corazón de Rabat.

Te dejamos el mapa con todos los lugares de los que hemos hablado a lo largo del post.

Y hasta aquí la información sobre Rabat. Como siempre, cualquier duda en comentarios!

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